Todos invocan al fantasma de la guerra

En los próximos días, algunos hablan del miércoles, aunque otros apuntan incluso a este lunes, se espera que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) haga público un demoledor informe sobre los avances del programa nuclear del régimen iraní. Un informe que se presume aportará, si no pruebas concluyentes, sí serios indicios de que el interés de Irán por la energía nuclear está yendo mucho más allá del estudio de sus usos civiles y pacíficos.

Como de momento no se ha hecho público, solo podemos hablar de lo que comentan las diversas agencias de prensa que va a aportar este informe, y que, parece ser, no es otra cosa que el ramillete de pruebas que han ido recolectando diversos servicios secretos en los últimos años. Pruebas como fotografías sobre instalaciones militares construidas para realizar pruebas y almacenar materiales y equipos o modelos informáticos encaminados al desarrollo de armamento nuclear.

En este sentido, el Gobierno de la República Islámica se ha apresurado a desmentir todas estas noticias tachándolas de “absurdas”, para, a continuación reafirmarse por enésima vez en el carácter completamente pacífico de su programa nuclear, encaminado según ellos “únicamente a generar energía eléctrica y al desarrollo de isótopos radioactivos para la lucha contra el cáncer”. Algo que, afirman, quedará claro siempre que la AIEA sepa zafarse de las presiones de determinados países como los EEUU o Israel.

Sin embargo, más allá de este preocupante cruce de insinuaciones, los hechos nos remiten a un panorama aún más negro si cabe. Por una parte está el paralelo desarrollo de un programa de misiles llevado a cabo por Irán desde hace unos años y que ya ha comenzado a dar sus frutos en cuanto a capacidad y radio de acción. Por otra, la descarada guerra informática que lleva a cabo Israel contra Irán, y que ha provocado innumerables retrasos en el programa nuclear iraní, ya sea pacífico o militar, y que en absoluto ha ayudado a sosegar las aguas.

Y por último, sin duda, la terriblemente complicada situación que están atravesando todas las partes involucradas en este conflicto soterrado. Como Irán, en donde su Presidente, Mahmud Ahmadineyad lleva meses enfrascado en una guerra por el poder contra las más altas instancias del Estado, el ayatolah Alí Jamenei y los Guardines de la Revolución, y que ya ha provocado algo más que choques callejeros.

O Israel, que recientemente a empezado a ver como, poco a poco, Palestina está recuperando el reconocimiento internacional que la irrupción de Hamas le restó. A lo que hay que sumar que en los países en los que la Primavera Árabe ha triunfado le ha privado de unos dirigentes más o menos amistosos como el egipcio Mubarak, y que en aquellos como Siria donde aún no ha cuajado, nadie le garantiza que lo que llegue vaya a ser mejor para sus intereses.

Tampoco corren buenos tiempos para los vecinos de Irán como Arabia Saudita, Bahrein o Irak, siempre temerosos de que el gigante persa agite la bandera de la Revolución Islámica o del chiísmo, ambas bazas con las que tienen más que perder que de ganar.

En cuanto a las grandes potencias, Rusia y China son, hasta la fecha, garantes de los intereses iraníes, entre otras cosas porque están haciendo un gran negocio a sus expensas, pero eso: hasta la fecha. Mientras, los Estados Unidos, lleva tiempo viendo en Irán una amenaza a su estrategia global, en la que las armas nucleares solo serían una guinda.

Un panorama, en resumen, muy complicado para todos los implicados, a los que una guerra desde luego no, pero el miedo a una sin duda sí, les podría venir de perlas para cerrar filas y quitase de encima no pocas presiones en aras de defender sus intereses nacionales. Sin duda, el peor punto de partida posible para afrontar una crisis de este tipo.

Carlos Aitor Yuste Arija

Historiador

Sígueme en twitter: @aitoryuste

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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