Fernando Jáuregui – No te va a gustar – No nos falles, Mariano.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Los valores en bolsa de ayer no cayeron precisamente rendidos a los pies de Mariano Rajoy, el indiscutible vencedor de las elecciones. Sigue siendo, pese a su muy buen discurso en la noche electoral, un político que suscita desconfianza, sospecho que más por algunos de su entorno que por él mismo. Pero ahora no nos queda otro remedio: hay que confiar en Rajoy por la sencilla razón de que, con el PSOE en desbandada, con los nacionalistas hablando de pactos fiscales y con los secesionistas y derivados hablando de lo suyo, no nos queda otra cosa a la hora de construir el futuro del Estado.

Confieso que nunca he sido mucho de Rajoy ni del PP -ni de ningún otro: he visto demasiado-, pero, plantados ante esta coyuntura, creo que hay que darle un voto de confianza, que es casi como firmar un cheque en blanco. Un peligro, ya lo sé, pero qué quiere usted que le hagamos.

Sin peloteos innecesarios, que uno ya está curado de espantos, y también de expectativas, debo decir que básicamente Rajoy es un tipo que me cae bien. Por sus claroscuros, con las deficiencias que todos los humanos tenemos, con su capacidad bastante descriptible de trabajo, pero creo que puede hacerlo bien como primer ministro. Lástima de idiomas, pero se entenderá con los gobernantes de la Europa conservadora; lástima que no le guste viajar, pero creo que hará un buen papel en esa América latina de la que cada vez vamos a depender más. Una pena que le falte carisma a chorros, pero es indudable que, si alguien puede poner un poco de paz y orden en las tierras y pueblos de España, va a ser él.

Lo que me asusta es lo de las mayorías absolutas en las escalas local, autonómica y central. No me cabe duda de que hasta Rajoy llegarán susurros de vendetta, ambiciones de rebatiñas, tentaciones que le inciten a tomar el rodillo para amasarnos y amansarnos a todos, pero confío en que él sepa resistir el cuelo de los halcones, las garras de los zorros y la mordida de los tiburones. «No nos falles», le gritaron los suyos a Zapatero cuando ganó contra viento y marea en 2004. Y les falló. Puede que no todo fuese su culpa y aprovecho para rendir homenaje a su elegancia a la hora de la marcha. Pero de alguna manera les falló. El problema ahora es que si Rajoy falla, nos caemos con todo el equipo. Y eso sí que no puede ser. En lo que valga, que ya se que es bien poco, le tiendo mi mano crítica, siempre crítica, por si en algo pudiera servirle. Que yo también lo dudo. Pero no es la hora ni de las manifestaciones reivindicativas ni de la hostilidad por principio ni de las banderías ni del cainismo.

No estoy ilusionado, lo reconozco, pero aún albergo mi dosis de esperanza. No nos falles, Mariano.

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