Carlos Carnicero – PSOE, vísteme de prisa que quiero el control.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Es imposible ignorar que España se paraliza el día 22 de diciembre, con el sorteo de la Lotería de Navidad -que se ha librado de estar privatizada solo porque no había compradores- y se recupera, con resaca, el día 7 de enero, después de la festividad de Reyes. Este año puede que la Navidad esté algo movidita por la constitución del Parlamento, el debate de investidura y el nombramiento de Gobierno.

Estas circunstancias costumbristas no han sido inconveniente para que el actual secretario general del PSOE, en estado tan precario como el resultado electoral, haya convocado congreso ordinario en la primera quincena de febrero o la última semana de enero. Es decir, el plazo de realización de los prolegómenos del congreso es de poco más de un mes, con los recortes de las fiestas de Navidad.

Nunca en la reciente historia de España el PSOE había recibido una descalificación como la que acumulan los resultados de las elecciones autonómicas y locales y las generales. Pérdida casi absoluta de poder territorial, un grupo parlamentario precario, que además ha dejado fuera a valores sólidos del partido y ha incluidos compromisos personales del candidato Rubalcaba.

Pues a esta crisis profunda y desconocida del socialismo español se le quiere dar un remedo de barniz publicitario en una ceremonia que pretende ser amañada por los barones del partido, que se van pronunciando sobre sus preferencias sin haberse tomado la molestia, aunque fuera rutinaria, de consultar con los órganos de decisión de los que son vicarios y administradores del poder interno.

Una vez más hay más prisas por cerrar una crisis, controlando el proceso desde arriba, que tomarse el tiempo preciso para reflexionar en profundidad, dando la palabra a las bases del partido.

El vector de estas prisas son las elecciones autonómicas de Andalucía en las que la desesperación por la previsible derrota -que dejaría al PSOE fuera de todo gobierno autonómico, con la excepción precaria de Euskadi, donde depende del PP- y el intento de una nueva operación de marketing que invierta las previsiones electorales.

La tragedia que se precipita sobre el PSOE, empeñado en dejar el partido en esqueleto antes de que sus santones pierdan el control del aparato, es la tragedia de la democracia española que necesita un socialismo democrático fuerte para gestionar, aunque sea desde la oposición, esta crisis.

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