Charo Zarzalejos – El PSOE ante el espejo.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

A una semana escasa de la celebración de las elecciones, el PSOE dio ayer el primer paso para ponerse delante del espejo. Zapatero y Rubalcaba han achacado a la crisis los males que les asolan porque aún cuando el que fuera candidato recordara que el PP no ha superado los once millones de votos -«no lo hará nunca», sentenció-, los socialistas, en el fondo, se enfrentan a algo más o a algo distinto a una mera derrota electoral. Primero en Mayo y ahora en Noviembre, el PSOE ha quedado laminado. Laminado en su proyecto y laminado en lo que a renovación general se refiere.

Cualquier partido, en las circunstancias del PSOE, trata de buscar consuelo en la derrota. Escudriñan porcentajes, apoyos por territorios y analizan con detenimiento lo que han conseguido los demás. Pero todo debe tener un límite si uno quiere levantar cabeza. Y de eso se trata, de que el PSOE y con él un proyecto de izquierda moderna, abierta y no sectaria, dispuesto a abandonar apriorismos y con señas de identidad que vayan más allá del ensanchamiento de derechos, es lo que debe abrirse camino en el próximo Congreso previsto para el mes de febrero.

Ayer no quedó despejado si Rubalcaba y Chacón finalmente van a dar el paso. No dijeron que no lo fueran a hacer, pero tampoco anunciaron lo contrario aunque es más que probable que la decisión, en un sentido o en otro, ya la tengan tomada. El PSOE es un gran partido, con implantación secular en el conjunto de España y España, en donde todas las ideologías tienen cabida, solo tiene dos formaciones políticas capaces de gobernar el país.

Ahora le ha tocado el turno a los populares pero la hora de los socialistas volverá. Mientras vuelve y en momentos de zozobra en los que es necesaria, más que nunca, la fortaleza institucional y profundos acuerdos que nos permitan afrontar el futuro con los menos sobresaltos posibles, es necesario, imprescindible que la izquierda española representada por el PSOE se reencuentre a si misma, ordene su discurso y elija a los mejores. La debilidad socialista se manifiesta en una fragmentación del mapa político y en poco más.

Todo parece indicar que el nuevo secretario general saldrá elegido por el mismo procedimiento que José Luis Rodríguez Zapatero que ayer, en su lánguido discurso, se le notó ya alejado del peso del poder. Es el tiempo de otros que aún están por venir.

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