Rafael Torres – Al Margen – Urdangarin, Duque.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

El Fiscal Anticorrupción de Palma ve numerosos y claros indicios para la imputabilidad de Iñaki Urdangarin por la comisión de diversos delitos que, por abreviar, se podrían resumir en el de apropiación indebida, a dos manos, de fondos públicos. La gente se pregunta, como es natural, la razón por la que no se ha llamado a declarar aún al ex balonmanista que devino en duque, y que, en efecto, debe vivir como un duque gracias a los suculentos beneficios que le proporcionaron esas sus empresas que no se dedicaban, en puridad, a nada. Pero igual que la gente se pregunta, se responde que lo mismo esa impunidad momentánea de la que goza guarda relación con su pertenencia a la Familia Real.

Cada día afloran más informaciones que hablan de los presuntos pufos y pelotazos que el interfecto habría, solo o en compañía de otros u otras, perpetrado por medio del entramado de sus espectrales empresas. La penúltima de esas informaciones la sirve la propia Hacienda en un informe de 148 páginas remitido al juez, y del que se desprende que no sólo se habría apoderado presuntamente de fondos públicos a través de su ONG, el Instituto Nóos, sino que, encima, ello le habría permitido pagar menos impuestos. Llama la atención, no ya las habilidades del señor Urdangarín, que al parecer supo trasladar desde las canchas a los despachos, sino el escaso celo, por no decir ninguno, que la Agencia Tributaria, que persigue sin piedad e intimidatoriamente al trabajador que no acierta a justificar un gasto menudo, puso en dilucidar los presuntos enjuagues de la ingeniería financiera del duque, toda vez que el informe de marras describe irregularidades de los últimos años nunca investigadas.

Parece claro que si el ciudadano Urdangarin (ante la Justicia no hay duques que valgan, ¿o sí?) pudo pillar lo que no tenía que pillar, cual sospecha la Fiscalía, el juez y los agentes de la Operación Babel, no fué por ser quien era, sino por pertenecer a lo que pertenecía. Pero tan claro como eso es que, con el caudal de indicios de que se dispone contra su persona, alcanzaría para que fuera llamado a capítulo ya. Pero lo que se dice ya.

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