Fernando Jáuregui – No te va a gustar – La sociedad civil llama a su puerta, señor Rajoy.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Algunos amigos y otros que no lo son tanto me preguntan estos días qué me incita a presentarme a unas elecciones profesionales que, en un improbable caso de victoria, nada me darán sino dolores de cabeza y disgustos con mis colegas. «Es que creo en la sociedad civil», suelo responder para justificar el poco rentable paso. Desde hace muchos años pienso que esta España nuestra no puede seguir siendo -y lo es_el país invertebrado que diagnosticara Ortega. Para ello, no queda otro remedio que articularse, y pienso que la llegada de una nueva era, de esta segunda transición que comenzó el 20 de noviembre, puede ser una buena oportunidad para ello.

Aseguran quienes hablan en nombre del próximo presidente del Gobierno que uno de los objetivos inmediatos de este es convocar un pacto social; llamar a patronal y sindicatos e incitarlos a un nuevo esfuerzo en pro de una reforma laboral que vaya más allá de la que el Ejecutivo socialista trató de poner en marcha con tan malos resultados.

Quienes me conocen saben bien de mi entusiasmo ante todo cuanto suene a pacto, a acuerdo, a concordia: solo así saldremos de la crisis, y algunas voces ya pedíamos, cuando la victoria de Zapatero en 2008, incluso llegar entonces a un Gobierno de gran coalición, que abordase las reformas estructurales tan importantes que el país necesitaba y actualmente necesita aún más. Sigo pensando que otro gallo nos hubiera cantado de haberse puesto en marcha esta medida patriótica, en lugar de instalar un clima de confrontación permanente, aferrada cada parte a sus ideas… hasta que vino Europa con la rebaja.

Creo que el pacto social no debe limitarse a un mero acuerdo entre sindicatos y patronal, con el Gobierno de Mariano Rajoy dando palmaditas en las espaldas de ambas partes. Dudo mucho de que la sociedad española, a estas alturas, se sienta plenamente representada por unos o por otros. Y ahora, el poder que acumula Rajoy tras dos elecciones victoriosas le permite ampliar los acuerdos, puntualmente, al cuerpo social. La ciudadanía necesita crecientemente sentirse partícipe de las decisiones de sus gobernantes, quiere ser consultada, porque ya no valen democracias asentadas en el mero principio de que basta con votar cada cuatro años.

De ahí la importancia de la sociedad civil. Es cierto que la España de «puente festivo y pandereta» olvida a veces su obligación de articularse, que es la forma de exigir sus derechos y cumplir con sus deberes. Adolfo Suárez me decía, con amargura, que es muy fácil y muy difícil gobernar a los españoles; fácil, porque los niveles de exigencia de la ciudadanía suelen ser escasos. Difícil, porque la propia invertebración de la masa social propicia ocasionales estallidos de cólera impredecibles.

Pienso que Rajoy pasará a la Historia con letras de oro si es capaz de cambiar esta dinámica que consiste en que el gobernante gobierna y el ciudadano, casi estoy por decir el súbdito, obedece calladamente. ¿Por qué no pueden las organizaciones sociales, bastante débiles aún en nuestro país, es cierto, ser al menos consultadas a la hora de elaborar determinados proyectos de ley que les afecten? No concibo, por ejemplo, que el Gobierno alumbre un proyecto de ley de transparencia sin pedir la opinión de los más directamente concernidos, y es esa una de las reivindicaciones concretas que me impulsaron a concurrir a estas elecciones corporativas. Porque hemos entrado en una era en la que la democracia será dialogada y pactada con la sociedad o no será.

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