Fermín Bocos – En la despedida de Zapatero.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

No diré que vaya a generar nostalgia entre los cronistas de la cosa pública, pero hay que reconocer que con el adiós del Zapatero los columnistas perdemos de vista a un actor que, al margen de sus errores (los más) y sus aciertos (contados), ha dado mucho juego. Juego en el gran juego de la política que tanto le debe al teatro. Teatro que en el caso de Zapatero fue, sobre todo, televisión quien inició su recorrido aceptando un tratamiento mediático similar al de una marca comercial -con el «ZP» como logo de campaña ganó sus primeras elecciones-, ha concluido su mandato ajustando sus intervenciones a los patrones televisivos al uso. Tengo por cierto que sin el concurso de la televisión, ni Zapatero habría llegado a dónde llegó ni, como digo, sería posible explicar muchas de sus actuaciones políticas sin tener en cuenta que fueron pensadas para ser dichas frente a una cámara.

Adolfo Suárez, que había dirigido RTVE y conocía los trucos que garantizan una puesta en escena favorecedora, y Felipe González, que era de natural telegénico, se apoyaron en la televisión pero no vivieron pendientes de ella. No sometieron sus intervenciones a las servidumbres y simplificaciones a las que aboca un medio que vende mejor las emociones que los razonamientos. Zapatero, sí. La televisión le convirtió en un personaje del retablo de famosos cuyas obras y cuitas consumen las audiencias. Hasta hace un par de días lo fue todo en los telediarios y en las tertulias… pero, llegada la hora del adiós, ha dejado de interesar.

Ejemplo de cuanto digo es la escasa expectación informativa que despertó el almuerzo celebrado en el Palacio Real con el que el Rey se despidió de Zapatero y de los restantes miembros del Gobierno. En la Plaza de Oriente de Madrid no hubo el acostumbrado revuelo de curiosos que aparejan los actos que allí se celebran. La curiosidad, el interés que los personajes públicos despiertan en los ciudadanos de a pie es un indicador para medir su grado de popularidad. A juzgar por lo acontecido antes y después del mencionado almuerzo, Zapatero ya está fuera de foco, es historia. «Sic transit».

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