Fernando Jáuregui – Maniobras ministrables en la oscuridad.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Hay momentos en los que uno no sabe muy bien si lo que circula responde a sucesos reales, a especulaciones irreales o a maniobras orquestales en la oscuridad, en este caso yo diría maniobras ministrables en la oscuridad. El largo parto del nuevo Gobierno y el silencio obsesivo de Rajoy hasta que anuncie «urbi et orbi» su nuevo elenco ministerial propician descaradas autopromociones, conspiraciones subterráneas y puñaladas traperas de la peor especie de enemigos, como dijo, creo, Helmut Schmidt, es decir, los correligionarios.

Tengo para mí que algo de esto último está ocurriendo con algunos de quienes han sido hombres y mujeres de confianza de Mariano Rajoy y que parecen llamados a muy o bastante altos vuelos. Quien tiene enemigos «internos» y está a punto de ser dotado de un considerable poder experimenta ahora el ataque solapado de quienes no quisieran verle encumbrado y de quienes temen los rayos iracundos del inminente poderoso. Se filtran cosas diversas, se exageran acontecimientos, se relacionan peras con manzanas para que Rajoy tome nota a la hora de la designación. Se hacen declaraciones de doble sentido y a las redacciones de algunos medios llegan exclusivas que acaso no lo sean tanto, o que depende de cómo se presenten, ya se sabe. El caso es descabalgar a quien puede resultar incómodo.

Hace tiempo que defiendo que los periodistas encuentran sus exclusivas en fuentes poco ortodoxas: amantes despechadas, contables a los que no se ha pagado, «vendettas» largamente acariciadas o rivalidades comerciales hacen que algunos de los grandes «scoops» informativos lleguen hasta los titulares. La principal misión del periodista radica, entonces, no en analizar la mayor o menor pureza de la fuente, que eso es irrelevante, sino en comprobar la veracidad de lo que se lanza contra alguno o algunos.

Tengo para mí que desvelar ahora, como se ha hecho, que un ministrable -o similar- firmó o no un contrato con Iñaki Urdangarín para que el yernísimo promocionase la realización de un evento deportivo en Valencia nada tiene que ver ni con el «caso Gürtel» -lo que es obvio- ni con las actividades abusivas del aún duque de Palma. Ni, menos, con la integridad de quien firmó. Pero, claro, se trata de lanzar un dardo contra González Pons, en este caso el firmante desde la Generalitat de un contrato con el duque, porque ha sido una de las estrellas fulgurantes de la actividad del PP en los últimos meses: si se frena su carrera política, mejor para algunos, que parece que le consideran un peligro para sus carreras.

Conozco a González Pons desde hace tiempo. Incluso firmé con él, en su día, un convenio para realizar un congreso de periodismo en Valencia (espero no ser incluido en ninguna trama por ello). Siempre le he tenido por persona comprometida con el auge de su tierra e incapaz de venderse por plato de lentejas alguno: simplemente, eso es algo que no le interesa. De hecho, mientras fue «conseller», la Comunidad Valenciana gozó de una imagen que luego, parcialmente, creo que ha perdido; las circunstancias eran otras y el carisma de este político no es fácil de igualar.

Comprendo que resulta difícil salir indemne de los diversos tiroteos a los que el destino de ser una estrella rutilante está sometido; ya sabemos que quien aprieta el gatillo y quien pone la bala no es el periodista que firma una información. Pero yo no quisiera, ni por acción ni por omisión, dejar de defender a quien pienso que es un enorme político y una persona honrada. Entre otras muchas sobre las que, más o menos sutilmente, cae ahora el fuego graneado de quienes se escudan falsamente en la lucha contra la corrupción y lo que hacen es precisamente lo contrario.

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