Julia Navarro – Escaño Cero – Diálogo, justicia, verdad.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

El mismo lo ha dicho en alguna ocasión: «soy previsible», y tiene razón, lo es, lo ha sido en el discurso seguramente más importante de su vida, en el de investidura como presidente de Gobierno.

Verán, en todas las legislaturas la sesión de investidura tiene un algo de fiesta. Los diputados nuevos se sientan muy estirados en sus escaños y miran con curiosidad cuanto acontece en el hemiciclo, en las tribunas de invitados suele estar la familia del candidato, y en esta ocasión también, allí estaba la esposa de Mariano Rajoy, Elvira Fernández, flanqueada por Dolores de Cospedal y por la principal adversaria de su marido dentro del PP, Esperanza Aguirre. Los hermanos de Rajoy, los embajadores de Estados Unidos, Francia, el Rieno Unido, etc. Y a las doce en punto, a mediodía, sin que pasara un segundo de más Mariano Rajoy subió a la tribuna. A mí me llamó la atención cuando una vez en la tribuna se quitó el reloj, lo colocó junto al vaso de agua y comenzó su discurso de investidura.

Un discurso cuya primera virtud fue el de la elegancia. Sí, el candidato fue elegante y si me apuran generoso con su antecesor en el cargo, Rodríguez Zapatero. Es más, hizo todo un alarde de talante haciendo un llamamiento al diálogo, y al concurso de todos los ciudadanos para afrontar los problemas de España. ¡Ah! y a lo largo de su intervención dejó claro que hay cuestiones para las que buscará el consenso con las fuerzas parlamentarias pero muy especialmente con el PSOE que es el principal partido de la oposición.

Vayamos a lo concreto, Mariano Rajoy hizo un diagnóstico certero y profundo de la situación económica pero sin caer en el reproche y enseguida dejó dicho cuales serán sus grandes líneas de actuación: generar empleo y asegurar un lugar preeminente de España en el mundo. El de Rajoy ha sido un discurso de investidura encajado en el marco de la economía, de la crisis y de las recetas que va a poner en marcha: restructuración del sistema financiero, reformas estructurales, acabar con la duplicidad en el Sector Público, actualización de las pensiones, fijar un techo de gasto en las Administraciones Públicas, poner en marcha nuevos modelos de gestión de las TV públicas…. Si me apuran casi parecía el programa de un super ministro de Economía y no lo digo como una crítica. Mariano Rajoy es consciente de que la principal preocupación de los ciudadanos no es otra que la crisis que ya se ha cobrado más de cinco millones de víctimas, porque éste es el número de parados, y por tanto lo que los españoles esperan es que les diga qué va a hacer para sacar a nuestro país del hoyo.

También me parece relevante su decisión de que nuestro país vuelva a homogeneizarse al menos en cuanto a educación y sanidad se refiere. En la enseñanza habrá unos contenidos para todos, se viva en la Comunidad Autónoma que se vida, lo que me parece un acierto, otra cosa será saber en qué va a consistir la homogeinización en la sanidad. Vaya por delante que me parece imprescindible que todos los ciudadanos sepamos que si nos rompemos la cadera, pongo por caso, nos va a tratar igual en un hospital de La Rioja que en uno de Málaga, pero aquí sí que me atrevo a expresar un temor: que la homogeinización no sea de mínimos.

Pero si por una parte se puede decir que el discurso de Rajoy era previsible, también se puede decir que alguna pequeña sorpresa dio. Por ejemplo su falta de referencias al problema vasco. Ni una palabra. Nada. En realidad Mariano Rajoy se dejó las cosas de la política para las réplicas, sabiendo que los portavoces le llevarían al terreno de lo concreto, aunque él no es muy dado a concretar, seguramente porque no quiere comprometerse a nada que no esté seguro de cumplir.

De manera que Rajoy eligió las cosas de comer, o sea de la economía, para estructurar su discurso de investidura sabiendo que los ciudadanos en estos momentos no tienen mayor preocupación que salir de la crisis, dejando para las réplicas la política, si es que se puede decir que la gestión económica no es eminentemente política, porque a la postre los gobiernos reflejan su color a través del Presupuesto que presentan a las Cortes.

Por decirlo de alguna manera la «música» del discurso de investidura no suena mal, ahora falta saber con qué «letra» la van a acompañar. Lo veremos a partir del viernes cuando se reúna el primer Consejo de Ministros. Por lo pronto el nuevo presidente se ha comprometido a que las señas de identidad de su legislatura sea el diálogo, la justicia y la verdad. Pues eso.

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