EPÍSTOLA A DANI, el agnóstico de la laicidad (I).

Véase «Epístola a Dani, el agnóstico de la laicidad (II)
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INTROITO DE SITUACIÓN
Mientras en su patio de monipodio el jefe del clan mixtíforo de la vida y la muerte, ZP el Hechizado (el hechicero hechizado), practica cínicamente la bíblica oración:

«No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día antes que se ponga el sol, porque está necesitado y su vida depende de su jornal»…,

…simultáneamente, desde la tumba de Discépolo, unas escasas pero sublevadas cenizas filosóficas claman al cielo:

«Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclado la vida,
y herida por un sable sin remaches
ve llorar la Biblia
junto a un calefón.»
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PARA LA METÁFORA SUFICIENTE DE LA IMBECILIDAD CELTIBÉRICA
Después de leer sus comentarios al artículo «Fuera Papa, fuera cruces, fuera católicos. El acoso de la izquierda» —de Magdalena del Amo—, le escribo a usted, Dani Quienquieraquesea, por considerarle metáfora suficiente de cierta ultramontana y capitidisminuida actitud laicista con punto neurálgico en la incorregible imbecilidad celtibérica. Incorregible y paradoxal, pues que yo sepa, en todo el Universo, sólo existe un pueblo capaz de arrojar piedras contra su propio tejado. Y formando como forma usted parte de la primera línea de sus jenízaros, ya bien sabrá a qué pueblo y etnia me refiero.

Porque el hecho es que, desde un inocultable cartesianismo perdonavidas, sintetiza usted con sorprendente perfección a cuantos rechazan las personas que no acatan ni juran los principios de la cruzada propia; acusándoles por encima, perversamente, de pretender imponerse “con sectarias y subjetivas apreciaciones personales”, tal como asegura cierto botarate de alias Libertché, quien por el estilo y contenido de su comentario a propósito de dicho artículo, bien pudiera sin desdoro llamarse Jorge Verstrynge: aquel neofascista que por obra y gracia de don Manuel Fraga —entre cuyos aciertos inolvidables también debemos contar la entrega de la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia al más inefable de los traidores gallegos: Xosé Luis Barreiro— llegó a ser Secretario General de Alianza Popular, y por méritos de propia cara dura, socialista del PSOE de las JONS después; además de marxista, turiferario de Ahmadineyad y, no sin pingüe beneficio a costa del hoy enajenado pueblo venezolano, asesor marcial de gorilas rojos —que uno retorna siempre a sus orígenes. El mismo a quien los de «La noria» de Telecinco acostumbran a sentar a la siniestra de su peculiarísimo Anticristo —y como verruga cósmica de prostibulario estilo— María Antonia ¡Iglesias! Válgame Dios, que como dice la milonga: las cosas que hay que aguantar

Mas se preguntará usted por qué tildo de botarate al tal Libertché. Pues bien: la Filosofía, señor, cuya congruencia obliga a no dar puntadas sin hilo, me sugiere que botarate es quien, por íntimo alboroto y privación de juicio, cree poder imputar su personal y consuetudinaria aberración a cuantos rechazan hacerle coro. Stricto sensu, constituye una cuestión de creencias, y como tal, en política, el botarate sectario es aquél que se cree con legitimidad suficiente como para calificar de sectario a quien sin embargo no lo es; como en su caso, el botarate antidemócrata, con legitimidad para calificar de antidemócrata a quien nunca en efecto lo ha sido; o también, tras su máscara de aparente racionalidad, el botarate irracional, autoinvestido de legitimidad suficiente para descalificar de irracional a quien razona tan bien como él las menos de las veces y, por ventura, harto mejor las más.

De manera que el tal “Libertché”, y sospecho que también usted, probablemente pertenezcan a esa asociación de recíprocos auxilios donde todavía se orgasmea mentalmente al expedir salvoconductos, pases-pernocta y carnets laicistas de buena conducta y, preferiblemente, mejor competencia en la antimateria educativa denominada, desde la soberbia que respiran, “Educación para la Ciudadanía”. Una asociación en la que el mayor clímax se alcanza haciendo lo indecible por amargarle la vida a los demás con un rancio método de soterrados enfrentamientos y contradicciones, en cuya articulación son ustedes ciertamente competentes de antaño. A ello, a competencias tales, destina también su esfuerzo la pedagogía del laicismo más rabioso: en vista del predecible hundimiento neoconsocialista, a formar a toda costa y cuanto antes escuadras de “ciudadanos competentes” —útiles, se entiende— para el PSOE de las JONS, a cuyo fin las más apreciadas canteras de futuras útiles hormigas y obreras sumisas tienen su diseño perfectamente localizado en las colmenas educativas de infantil y primaria, tal como lo programó la Gran Abeja paneladora del neopositivismo relativista ético y jurídico español: la Reina Madre Gregorio Peces-Barba. ¡Cómo olvidar la inolvidable puesta en marcha de su proyecto educativo-laicista!: aquella clase de “Educación para la Ciudadanía” impartida por la Abeja Maya de nuestro neoconsocialismo, María Teresa Fernández de la Vega, a unos niños indefensos ante la indecente pasividad y consentimiento de un paisaniño presuntamente Director de un establecimiento educativo del Estado.

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SE LEVANTA LA VEDA: EL “CRIJTIANO-SOCIALIALISMO” A LA CAZA DEL CRISTIANO CATÓLICO
Durante la visita del Papa Benedicto XVI a España, algunos, como usted, han empeñado, y creo que también desperdiciado su tiempo en hacer lo posible por denostarla, procurando a tal efecto, con maneras obsesivas, una siembra sistemática de desprestigios à tout vent. Por supuesto, se trata del desprestigio que va en desprestigiar a las víctimas efectivas —nada, pues, imaginarias—, haciéndolas pasar, si no por verdugos, sí cuando menos por culpables; tal como a diario cualquiera puede ver y oír en determinados medios de comunicación privados y, lo que me parece el colmo, también públicos.

Aunque ya no es suficiente con desprestigiarlas. Ahora, sit venia verbo, se pretende asimismo “desvictimizarlas”: hacerlas perder su condición de víctimas efectivas mediante la técnica leninista del descrédito permanente. La perversión de esta técnica es de sobra conocida; su fundamento, una paulatina infiltración y expropiación, en este caso, del edificio secular de los valores católicos, retóricamente sobrevalorados con el único y beligerante objetivo de alcanzar su anonadamiento y demolición. Pero además de conocida, constituye aquélla una técnica públicamente establecida, pues, en efecto, a no pocas personas de relieve público se las ve comprometidas con la articulación de la misma y, por ende, con sus fines, a los que no pierden ocasión de servir con cierta eficacia, principalmente, en medios de comunicación, aunque también en otros foros públicos.

Repare usted, si no, en el Anticristo de Telecinco —la esperpéntica y ultra(sectaria) María Antonia Iglesias, como ya he dicho—, a quien el más incontaminado aire le sirve para contaminar y desprestigiar a los católicos, una y otra vez, incansablemente, desde su bon vivant “catolicismo comunista”; siempre con la misma técnica demagógica: elevándoles a las alturas primero, para sin la más mínima compasión, despeñarles después. ¿Pero qué se puede esperar de una cristiana de monipodio, de una seudocristiana cuyo estilo prostibulario la lleva a confundir su cacareado cristianismo con la tierna violencia del macarra?: —“Yo también soy cristiana; qué, ¿pasa algo…?”

Repare, también, en Enrique Sopena, el ex querubín —¡por lo menos!— del «Opus Dei» y colega de aquélla en la jauría anticatólica. O en el propio José Bono, quien en 1971, un año después del Proceso de Burgos, era “luchador antifranquista” al mismo tiempo que “pojtulante” a la Guardia de Franco, anterior Jefe del Estado que como todo el mundo sabe, excepto dicho caradura y el denominado “juez” Garzón, falleció en 1975; el mismo que tampoco pierde ocasión para desprestigiar o, más albaceteñamente dicho, para acuchillar a los jerarcas del catolicismo, no tanto por católicos como por jerarcas. Porque, no se olvide, la jerarquía es la rémora insoportable de quienes vinieron a este mundo a pontificar jornada tras jornada a los demás.

Personajes todos ellos muy “crijtianos”, que jamás, en fin, han dejado de aceptar —¡ni justificar!— el ensangrentado río diario de personas inocentes que la cínica retórica de “lo políticamente correcto”, con su espuria esterilización verbal, prefiere denominar “abortos”; mas que siendo asesinatos execrables de personas —ininteligibles incluso en el contexto de una cultura indiferente al crimen— los cristianos de buena fe, católicos o no, no pueden menos que condenar. Del mismo modo que deben hacerlo las personas de bien, más allá de sus creencias; cualesquiera personas, si no de fe religiosa, sí moralmente convencidas del derecho natural de los más justos e indefensos: los concebidos, aunque no nacidos, para la Humanidad. He dicho del Derecho Natural, pues el Positivo, cuyos tremedales tan del agrado son de los Peces-Barba, aun constituyendo un formidable invento jurídico de la sociedad, tantas veces resulta enlodado, sin embargo, cuando ésta se rinde al mesianismo político.

Ahora bien: como consecuencia del ridículo resultado obtenido por la perrera hortelana de los que no rezan ni dejan rezar, tampoco sacia hoy a los crijtiano-socialistas ni a los cazacristianos el mero desprestigiar a los pastores de la Iglesia. Por ello, quizá, se impone estigmatizar ahora a la juventud de su rebaño, a la que rabiosamente se recuerda “su ovina condición”: con saña en los dientes —homo homini lupus—, así como, para mayor escarnio y mofa de su fe ecuménica, con desorbitados balidos perroflautas que estremecerían de pavor a la mismísima niña del Exorcista. ¡Belfos deformes, ignorantes de San Juan! Si muchos de vosotros, inhumanos “seres vivos” de Bibiana Aido, no habéis tenido madre, ¿cómo os iban a leer a pie de cama la parábola del buen Pastor? La misma que vuestros fulanos ideológicos —el Anticristo de Telecinco, el ex-querubín del Opus Dei, el “pojtulante” a la Guardia de Franco o la Reina Madre de la Maleducada Educación para la Ciudadanía, entre otros personajes del sainete neoconsocialista— ridiculizan y desprecian, porque una democracia progresista del siglo XXI no puede aceptar pastores con ovejas, ni puertas con porteros; ajenos sin duda, unos y otros ignorantes, al carácter parabólico-simbólico —sobre todo, espiritual— que vocablos de tan larga tradición bíblica mantienen en el contexto de la cultura cristiana, sobre la que, como hasta el más ignorante sabe, descansa la occidental.

En cambio, como usted no ignorará, esa concepción de la democracia no excluye, con la aceptación de los mismos, el más rendido aplauso a los proxenetas políticos que chulean a su pueblo, como a una meretriz gregaria, por cuatrocientos euros mensuales, en lugar de dignificarlo con el auténtico Derecho Positivo de la remuneración y el trabajo. Por lo visto, en la doctrina de “la discriminación positiva” con la que se pretende proteger a las mujeres —paradoxa paradoxorum, paternalistamente—, no se contempla todavía incluir al pueblo políticamente sodomizado por la casta endogámica de sus propios parásitos. Es que, a decir verdad, si algún género es discriminado por tan luciferina discriminación, ése, precisamente, es el de todos: el común, el epíkoinos; el género epiceno sobre el que toda sana y vigorosa sociedad se sostiene, como el ignorado suelo que todos los días pisamos sostiene sus anónimos transeúntes.

Es la concepción de la democracia que, más que excluir, incluye a los indecentes de siempre: aquellos que “lo que le dan” a su pueblo por un lado, al día siguiente, se lo sustraen a impuestos por otro (para entregárselo, con su laicista sentido de la equidad social, a los Tedybautistas y Barcelós de las cúpulas y las cópulas; a los descejados de la hoy ya ceja huérfana; a los comités de sabios que babosean sus babas sobre los esclavos de los impuestos; a las lumbreras del I+D+I neoconsocialista que tan ejemplarmente han empeñado sus vidas en el GPS del clítoris para el continente africano, por el que ninguna mujer del Cuerno de África jamás echará en olvido a la madre del gran humanista José Luis Rodríguez Zapatero; etc.); como tampoco excluye a cuantos canallas, en la intimidad, al calor de las chimeneas de sus casas de nuevos ricos del neoconsocialismo, aborrecen a ese mismo pueblo que, a la vez que les vota, desprecian como masa borreguil, pero que, baboseantes y diarreicos, no dudan en cortejar después con promesas de estupefaciente ética; o sin estupefacción mediante, simplemente Hética: «prometer hasta meter, y después de bien metido, nada de lo prometido.»

Una concepción de la democracia sin escrúpulos para aceptar a tanto “laicista” pro domo sua, de esos que no dudan en abrazar efusiva y amorosamente a demócratas como Gadafi, al mismo tiempo que imponen un cordón sanitario de profilácticas distancias con el Papa y la Iglesia católica, la retrógrada institución que a diario les quita las castañas del horno: el horno social de la miseria in crescendo que produce la única fábrica creada durante dos legislaturas por los macro y microeconomistas del PSOE de las JONS y sus “políticas de progreso”. Los progresistas de sí mismos que desprecian (sólo en España, por supuesto) a cuantos oran con la misma Biblia —columna vertebral de Cáritas— de cuyos versículos no dudan después en echar mano, para irse a rezar plegarias, compungidos como beatas en tiempo de Adviento, en los desayunos de oración del Gran Hermano yanqui; a mendigar su compasión después de ningunearle la bandera. ¡He ahí los héroes políticos del laicismo español! El heroísmo de los que, acaso ansiando errar en los mismos socavones del pasado, hoy exhiben con prepotencia los bíceps del Estado frente a quienes, por exquisitamente respetuosos, consideran débiles. (¡No al moro, carallo! ¡Al moro no!) El heroísmo, en fin, de los que ante el Gran Hermano yanqui manifiestan la compresión de sus esfínteres con una estúpida sonrisa de oreja a oreja.

Quién sabe si en un futuro imperfecto —¿más todavía?—, quizá no muy lejano, otra Comisión de Expertos —o de Sabios, si la cínica X del GAL es quien la comanda— bajo la presidencia de algún juez estilo Baltasar Garzón, o de algún historiador de la talla de Julián Casanova, sirviendo los planes educativos de la progresiva e irreversible ikastolización de España, llegará a dictaminar que aquellos inocentes “niños de las mochilitas”, supuestamente venidos para la comunión eucarística con Pedro, en realidad vinieron con ellas cargadas de dinamita para desestabilizar el laicizado pacifismo —que sólo mata legítimamente con las bendiciones de la ONU— de la democracia española, como demuestran las más rigurosas investigaciones históricas y el testimonio oral de las “Asociaciones de Víctimas de la JMJ 2011” acogidas a la SFDSSMHNPE (Segunda Fase del Sistema de Subvenciones para la Memoria Histórica de las Naciones de los Pueblos España).

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© R. Malestar Rodríguez
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23/9/11
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Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

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