Rafael Martínez-Simancas – Sin Etiqueta – Tomelloso en el recuerdo.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

A pesar de que esta Navidad se presenta despejada de nubes los hay que no pueden evitar la querencia por meter ambos pies en un charco, y si no hay charco se derrama una botella de agua mineral. Carme Chacón, irreductible a pesar del fracaso tanto en primarias como en las elecciones, permanece instalada en el mensaje de «la renovación soy yo», y fuera de mí el abismo y el ocaso. Cuándo la prudencia llevaría a esperar al comienzo del trigésimo octavo Congreso del PSOE en el que se solventará el sucesor de Zapatero al frente de la secretaría general, y cuándo los tiempos indican que toca hacer oposición al Partido Popular en el Gobierno, (y hacerla bien), Chacón no desaprovecha para lanzar mensajes de aquí estoy yo. Y puede que le pase, de nuevo, que por adelantada se quede fuera de sitio; Bono que algo intuía de todo esto ya creó la metáfora de la liebre eléctrica como versión adaptada al rock de una fábula de Samaniego.

Sostiene la gran esperanza blanca del socialismo, (de forma algo aventurada tal y cómo están las cosas), que el PSOE ganará de nuevo en Andalucía, un aserto que pasma y deja la sangre fría. Puede que Chacón se vea aún influida por aquel espíritu de «Salones Epílogo» en Tomelloso cuándo viéndose en tal lugar sólo se le ocurrió decir que «no era epílogo si no el principio de cosas maravillosas», (que efectivamente las vimos después, el 20-N). Pero como diría el gran filósofo «Chiquito de la Calzada»: «una mala tarde la tiene cualquiera». Y aún con Zapatero de cuerpo presente, de secretario general en activo habría que guardar las formas hasta que toque el momento de enseñar las cartas. Sería altamente recomendable que Chacón viera la última película del director José Luís García Sánchez que, a su vez, se ocupa de un guión magistral que dejó inédito el talento de Rafael Azcona. En «Los muertos no se tocan, nene», se cuentan las andanzas de una familia que está empeñada en que casque el abuelito para seguir haciendo sus planes.

Es verdad que cada uno juega sus bazas cuándo toca pero el papel de Rubalcaba hasta el Congreso es peliagudo, por un lado ha de sostener la moral para ejercer de oposición al Gobierno, y por otro ha de tener un ojo puesto en el partido en el que hay más «quejíos» que palmas, y al tiempo cuidar del flanco débil para que nadie pasado de entusiasmo pueda aguar el proyecto. En este momento lo fácil es ser Zapatero que se marcha y lo deja, lo difícil es ser Rubalcaba que en Carmen Chacón tiene su principal enemigo. Y, tampoco estaría mal preguntar a Griñán si el llamado «espíritu de Tomelloso» le conviene en las elecciones andaluzas dónde pase lo que pase en el Congreso de febrero las consecuencias se extenderán, sobre todo las rencillas.

Los hay, (en este caso las hay), con una notable capacidad de hacer amigos sin necesidad, pero de nuevo podemos volver al «espíritu de Tomelloso» sobre las conciencias, o a ese don de la oportunidad, o a cualquier otra calamidad que se pueda atribuir bien al cambio climático, a la ingesta de productos transgénicos… o a los guiones de Rafael Azcona que supo retratar España como nadie, y de esa forma salimos cada uno en la foto.

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