Collar para Zapatero y Cruz para Chaves.

Los últimos acontecimientos han activado la alarma de mi reloj para despertarme del ligero sueño de la ilusión. No quiero ser pesimista, pero siento que estamos asistiendo al comienzo de una legislatura un tanto extraña y paradójica, malos calificativos para un gobierno del que se espera que nos saque de la crisis económica, institucional, judicial y MORAL en la que nos sumió en recién finiquitado gobierno socialista, el peor de la historia de la democracia –y su presidente Zapatero el más nefasto— dicho por medios de comunicación y repetido hasta la saciedad por el Partido Popular, recién llegado a La Moncloa.

Ya en mis artículos anteriores manifesté mi disconformidad y extrañeza por las palabras de elogio dirigidas hacia Zapatero y sus ministros de Interior. Pero medio las disculpé porque entendí que era una manera de despedir, de una manera educada y elegante, a quienes habían destrozado a España. Hasta ahí vale, puede pasar. Pero que en el segundo consejo de ministros, los ídem, entre recorte y recorte, no se les ocurra mejor cosa –eso sí es una ocurrencia grave—que conceder el “Collar de la Orden de Isabel la Católica” a Rodríguez Zapatero, me parece una falta de respeto a los millones de votantes que decidieron que los socialistas, cuantos menos y más lejos, mejor. Y por si eso fuera poco, la concesión de la Cruz de la misma orden al señor Cháves, que convirtió la Junta de Andalucía en un cortijo privado, con cuestiones pendientes como el de los fondos de reptiles, los eres de Mercasevilla, las subvenciones a los hijos, los líos financieros de los cuñados y todos los agujeros bajo las alfombras, que veremos a final de marzo, parece otra inocentada.

La “Orden de Isabel la Católica” la instituye Fernando VII y tiene varios grados que van desde el Collar a la Banda de Dama, con los intermedios de Encomienda, Cruz de oro, plata y bronce; Medallas de plata y bronce, y Corbata y Placa de Honor, estas últimas destinadas a personalidades del ámbito jurídico. La condecoración fue creada para premiar la lealtad a España y los méritos de ciudadanos españoles y extranjeros. En 1988 se adecuó a los tiempos y se resumió su motivo de entrega: “Premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras que redunden en beneficio de la nación, o que contribuyan de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la nación española con el resto de la comunidad internacional”.

Es indignante. Porque, aparte de haber puesto a pelear a las dos Españas, de instaurar el relativismo moral en la sociedad, de sumirnos en este agujero negro que traga los euros por millones y de haber dinamitado el sistema judicial, Zapatero no solo no fue leal a España, sino que fomentó el separatismo nacionalista hasta el punto de poner en peligro la unidad nacional, fase en la que nos encontramos. El problema catalán –la historia se repite— ahí está, convertido en un pain on the neck para la nación española, gobierne quien gobierne. Y de las Vascongadas, mejor ni hablar. Baste como muestra ver en las bancadas de las Cortes a los matones de Amaiur. Todo ello gracias a Zapatero. ¿Y encima, el PP le condecora con el Collar de la gran artífice de la configuración de la nación española? Paradójico no, lo siguiente.

Hay que reconocer que los políticos de turno han jugado todas las bazas para desprestigiar el citado galardón, condecorando a personajes del tenor de Kofi Annan, conocido en otros escritos por Kakofi, la abortista Michelle Bachelet o la corrupta Cristina Kirchner, amén de otros sátrapas presidentes de repúblicas bananeras americanas, africanas y asiáticas, y sus ínclitos embajadores. Casi una profanación.

Pero se ve que el décimo estaba muy repartido y hubo premio para todos los miembros del último gabinete socialista. Tanto Elena Salgado –la única que se la merece por los sapos que tuvo que tragar—, como Leire Pajín, Ángeles González Sinde, Cristina Garmendia, Trinidad Jiménez, Carma Chacón, José Blanco, Miguel Sebastián, Valeriano Gómez, Ramón Jáuregui, Rosa Aguilar, Ángel Gabilondo y Antonio Camacho, recibirán la “Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III”. Nos preguntamos si José Blanco, imputado en el caso Campeón, por cohecho, prevaricación y tráfico de influencias, se la colocará para declarar ante el juez. Extensible la pregunta sobre Antonio Camacho cuando tenga que declarar por el Faisán. En el caso de que “haya caso”, que esa es otra.

A la luz de los hechos, parece que descolgar la cruz de los centros escolares, cerrar capillas universitarias o intentar derribar la Cruz del Valle de los Caídos, entre otros acosos, les ha hecho merecedores de ser condecorados con el Collar y la Cruz de Isabel la Católica. El mundo al revés.

Urge que el Gobierno dé una explicación razonada y convincente, aunque les va a costar trabajo que los miles de españoles que llevan casi ocho años de penitencia socialista, entiendan sus desmanes. Si tenían la intención de entregar estos galardones, ¿no podían esperar hasta la mitad de la legislatura, que se hubieran calmado un poco los ánimos, y todos hubiésemos cicatrizado las heridas? ¿Será para premiarles porque han descubierto que el déficit no era del 6%, sino del 8%, con lo cual estamos hablando de 36.500 millones de euros que hay que sacar como sea y no de los 16.500, que xa nos chegaba ben? ¿Será que es cierto que el poder ensoberbece y hace perder la perspectiva, y ya les está afectando? Quiera Dios que no, pero hay que explicar esta metedura de pata, tan tonta, nada más estrenarse.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
www.magdalenadelamo.com
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(1/1/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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