Fernando Jáuregui – No te va a gustar – El «nuevo» Ministerio de Interior.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

A mí me ha gustado bastante la composición del primer Gobierno de Mariano Rajoy; me parece de carácter centrista, equilibrado y, en general, preparado. La constatación de que existen algunas excepciones a esta regla general no desmiente la opinión bastante extendida de que, en general, este es un Gobierno que puede generar confianza. Por eso mismo, y porque, como casi todos, deseo que esto vaya bien, me parece útil la crítica a ciertos puntos «discutibles» tanto en la atribución de alguna cartera -no entiendo la de Justicia para Ruiz-Gallardón, ni la de Sanidad a Ana Mato, que podrían haber desempeñado cualquier otra función menos periférica a sus saberes-, como en la designación de varios de los llamados «segundos escalones». Y lo mismo vale decir sobre un punto que podría llegar a ser crucial, como es la coordinación de los departamentos económicos: ¿de verdad va a poder Mariano Rajoy presidir semana tras semana la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, para evitar que, por ejemplo, Economía y Hacienda ofrezcan mensajes discordantes? Lo veremos.

Sin embargo, lo que mayores inquietudes me provoca ha sido la ruptura del organigrama que hasta ahora venía estando vigente en el Ministerio de Interior, separando de nuevo, bajo dos mandos distintos, a la Policía y a la Guardia Civil. Pienso que la unificación bajo una sola dirección de ambos cuerpos ha servido para aglutinar informaciones, evitar protagonismos y guerras de celos que antes tanto proliferaron en el Ministerio que se encarga de nuestra seguridad frente a delincuentes y mafiosos y del combate contra el terrorismo. Creo que, independientemente del signo político que gobierna, la eficacia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado bajo el mando único ha sido patente, aunque haya tenido, admitámoslo, sus altibajos. Cambiar lo que funciona bien no parece, en estas horas en las que tantas cosas hay que cambiar, la mejor receta. Y lo digo independientemente de las personalidades, que ya sabemos que han suscitado cierta polémica, de quienes han sido llamados a dirigir la policía, por un lado, y un instituto armado que cuenta con 150.000 miembros, por otro.

He encontrado quien, benévolamente, recomienda abrir un compás de espera para conocer si regresar a la separación puede traer ventajas en la gestión de ambos cuerpos: era, es cierto, una reivindicación casi «sindical» en sectores policiales y de la Benemérita. Pero me he topado con mucha más gente que, recordando épocas pasadas, revive como una pesadilla aquellos tiempos en los que todos querían apuntarse un tanto y se dedicaban a hurtarse información unos a otros. Y, si hay un Departamento que de ninguna manera debe generar polémica y que debe ser objeto de un consenso sustancial entre las fuerzas políticas, ese es el que encabeza don Jorge Fernández, una figura sin duda de buen talante -lo demostró elogiando sin reservas a su antecesor por la reducción de accidentes de tráfico- y de capacidad de trabajo contrastada: aquí y ahora, cuando las mafias proliferan y el combate contra los terrorismos islamista y los rescoldos del de ETA exigen una particular atención y cuidado, el nuevo ministro no puede, no debe, equivocarse.

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