Fernando Jáuregui – No te va a gustar – ¿Me estaré volviendo de derechas?


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Jamás, excepto en aquella lejana primera juventud militante antifranquista, he podido presumir de ser de izquierdas. Ni de derechas. He ido, progresivamente, dejando de creer en esas diferencias, ya difícilmente detectables en lo que a planificación económica se refiere (pues ¿no dicen ahora que el señor Rajoy toma medidas socialdemócratas, cuando Zapatero se convirtió, a la fuerza ahorcan, en liberal?). Decía Pompidou que un socialista y un conservador se diferencian en el color, los dibujos y la textura de sus corbatas. Ahora, un amigo muy querido, que me sigue heroicamente por tertulias radiofónicas y televisivas, me advierte: «Te estás volviendo de derechas». No lo sé, porque, ya digo, no tengo muy claro dónde se sitúa ahora cada uno, cuando algunas proclamas religiosas no son admitidas ni menos aún seguidas en un bando y ciertos manifiestos obreristas no se asumen ya ni en las sedes de los sindicatos «de clase».

El caso es que, es cierto, saludé con alivio la formación del nuevo Gobierno -bastante centrista, con la que está cayendo-, aunque criticase la forma, tan lacónica, por decir lo menos, como Rajoy nos lo presentó. Y comprendo que nos pidan apretarnos el cinturón -asumamos que las gentes de clase media hemos perdido más de un veinte por ciento de poder adquisitivo en los últimos dos años-, aunque no siempre esté de acuerdo en esa política de enfriamiento económico a ultranza, ni me crea que los que más ganan tributan más: ya sabemos que el IRPF no lo pagamos todos por igual. Pero, básicamente reconozco que me siento comprensivo con muchas cosas que antes me resultaban difíciles de sobrellevar sin que me embargase esa santa indignación propia de los jóvenes, de los misioneros, de los profetas y a veces también de los irreflexivos y de esa especie tan temible de «juzgadores» de pajas en ojos ajenos.

No tengo una conclusión definitiva acerca de si la tolerancia, la comprensión y la paciencia son cosa de la derecha templada o de la izquierda liviana (o del centro, que por definición siempre debería ser moderado, aunque no siempre lo sea). Es el caso que ni los «affaires» de corrupción que se encuentran, gracias a Dios, en los tribunales, ni la estupidez de una parte de la clase política, ni los desmanes de algunos privilegiados económicos que tratan de abusar de todos nosotros, me provocan ya sino una cierta conmiseración crítica y una especie de confianza en el sistema, un sistema que, por otra parte, tantas veces me ha defraudado, pero que ahí está, para usarlo y para, en la medida de lo posible, mejorarlo. Y me confieso también de preferir, en política, un buen acuerdo que una heroica batalla.

Al final, a mi amigo y seguidor le dije, con una sonrisa: «Tranquilo, no me he vuelto de derechas; solamente me he pasado, espero que definitivamente, al bando de los moderados». Sé que me miró sin entender nada. Pero sé también que moderación es la medicina que ahora más se necesita.

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