Rafael Martínez-Simancas – Sin Etiqueta – Rebajas de enero.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Esperanza Aguirre nunca defrauda: si Rajoy decide subir los impuestos ella los baja (al menos en lo que tiene competencia que es el tramo autonómico dónde quiere reducirlos en un punto). Dicho así, a lo corto, puede llamar la atención pero a favor de Aguirre hay que decir que en los ocho años que lleva en la Comunidad de Madrid siempre ha hecho bandera de la bajada de impuestos; por su parte no es nada nuevo. Otra cosa es que la medida «cante» frente a la subida de impuestos de Rajoy pero en el caso del presidente de Gobierno acaba de llegar a La Moncloa y por lo que se ve no está dispuesto a «darnos cien días» (habitualmente es el plazo de margen que se le da a un Gobierno recién formado pero en este caso es Rajoy el que pasa al ataque con la acción fiscal).

Enero es mes de las rebajas que activan el comercio, más de uno retrasa sus regalos de Reyes a pasada la ingesta del roscón que suele dar ardor de estomago que se une a la resaca de los villancicos. Entre comprar antes, o después de la Cabalgata, hay un abismo económico. El mismo abismo que Aguirre marca con Rajoy-Montoro pero conste que unos se deben a su tradición y otros a urgencias explicadas en consejo de ministros de manera concelebrada (hasta cuatro miembros del gabinete para hablar de «ajustes excepcionales» tomados con carácter temporal… pero no hay nada más permanente que lo transitorio). La diferencia es que las medidas de Aguirre no se comentan en el «Financial Times».

No hay en la rebaja de enero anunciada por Aguirre un nuevo «motín de Esquilache», y eso que Aranjuez es un ayuntamiento de la Comunidad de Madrid. No hay revuelta, ni trifulca, aunque aguerridos marianistas lo hayan querido leer como soponcio. Otra cosa es que Esperanza Aguirre se propusiera dar un soponcio pero no hay visos de que vaya a hacer tal cosa. Pocos dirigentes del PP han dado tantos mítines en plazas tan diversas (y dispersas) durante la pasada campaña electoral. Si Aguirre le pasara el kilometraje a Rajoy éste se iba a enterar pero tampoco parece que sea el caso, ni la causa. En Madrid los movimientos de Aguirre se miran con lupa porque una vez asumido a Gallardón dentro del gobierno es ella la que queda como «verso suelto» (¡quién se lo iba a decir al actual Ministro de Justicia cuándo vivió aquellas jornadas de melancolía de princesa en el exilio!). Pero esta vez no hay batalla, otro asunto es que cada vez que la presidenta de la Comunidad mueve la silla de su despacho en Moncloa interpreten como ruido lo que es cambio de postura, pero eso ya no es parte de las rebajas fiscales si no de la sismografía que estudia los movimientos telúricos, (y sismografía a veces está muy cerca de la «chismografía»).

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