Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – ¿Se volcarán los líderes mundiales con Rajoy?.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Para nadie es un secreto que a Mariano Rajoy ni le entusiasma viajar ni le apasiona la vida diplomática. Su perfil, en este sentido, ha sido más bien discreto, y eso que en los sillones de los primeros ministros europeos se sientan básicamente correligionarios, y correligionario es el muy bien conectado secretario general del Partido Popular Europeo, Antonio López-Istúriz. Pero, pese a su escaso vuelo internacional, tengo la sensación de que la buena fortuna de Rajoy se va a extender a este campo: los líderes mundiales, comenzando por ese Sarkozy que este lunes se entrevista con él, se van a volcar con el presidente español. Y ello no solamente por simpatías ideológicas: a Europa, a Estados Unidos, a América Latina, les interesa una España capaz de salir de la crisis: otra cosa podría provocar peligrosas consecuencias a gran escala, comenzando por la UE, pero no deteniéndose solo en el Viejo Continente.

Rajoy ha prometido a sus más cercanos colaboradores que mantendrá una activa agenda internacional. Tengo para mí que el presidente no va a poder ocuparse personalmente tanto como él quisiera de las cuestiones de cocina interna, incluyendo la presidencia de la comisión delegada para asuntos económicos, porque, ante una crisis económica que es global, el jefe de Gobierno de un país como España está obligado a visitar mucho a sus colegas y ser visitado por ellos. Me parece que, aunque no sea un profesional de la carrera diplomática, el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, va a procurar mantener el principio de que el verdadero jefe de la diplomacia de una nación es su primer ministro. Para ello, G. Margallo tendrá que mantener un perfil necesariamente bajo, de manera que sea Rajoy quien ahora brille.

De momento, ya nos han dicho que las prioridades serán los vecinos -Francia, Marruecos, hasta cierto punto Portugal-, mantener y mejorar las relaciones con Obama -en La Moncloa se considera muy probable que gane las elecciones de noviembre- y no perder la posición en Latinoamérica, incluyendo procurar que no decaigan (demasiado) las «cumbres» iberoamericanas, cuya edición este año corresponde celebrarla en Cádiz. Algunos responsables socialistas -aunque aún es pronto para saber por dónde caminará definitivamente el PSOE- y, desde luego, de Convergencia i Unió ya han hecho saber a Rajoy que apoyarán al Ejecutivo en su política exterior, siempre que no se cometan ni «extravagancias ni vagancias», en palabras de un parlamentario del grupo catalán.

Hay que esperar a los próximos nombramientos en el Ministerio de Exteriores -aún faltan muchas incógnitas por resolver, incluyendo en manos de quién quedarán los servicios secretos, que dependen de Presidencia, pero tienen un importante componente diplomático-, para saber por dónde irán definitivamente las cosas. Pero, de momento, sí se puede asegurar que, en materia de política internacional, Rajoy se ha caído del caballo y ha visto la luz: le fastidie o no, tendrá que usar el avión y los intérpretes mucho más de lo que él quisiera.

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