Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Un mes y un día con Mariano Rajoy.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Si mis cálculos no fallan, llevamos un mes y un día de mandato efectivo de Mariano Rajoy (antes ya mandaba a través de persona interpuesta, es decir, José Luis Rodríguez Zapatero). Cuatro semanas largas en las que se ha hablado mucho, aunque, la verdad, aún se haya hecho relativamente poco. Y, para colmo, se han hecho cosas -subida de impuestos_ que no estaban previstas en los anuncios previos a las elecciones. No digo yo que el ajuste duro no sea necesario, aunque la filosofía económica que lo sustenta esté últimamente sujeta a polémica; pero sí digo que tanto lo hecho en este mes como lo que se prevé realizar -reformas laboral y del sistema financiero, regulación de la estabilidad presupuestaria con la contención feroz del gasto autonómico_, ha sido insuficientemente explicado hasta ahora por un Rajoy que sigue sin estar plenamente disponible para los medios de comunicación y para el Parlamento.

Desde luego, no quisiera cometer el error, y posiblemente la injusticia, de criticar al nuevo Gobierno cuando aún falta mucho para esos míticos cien días que se dan como margen de tolerancia a un Ejecutivo entrante. Pero sí me parece pertinente, desde mi exclusivo punto de vista, hacer alguna advertencia, que pasa por la sorpresa ante la diversidad de mensajes -a veces contradictorios- que llegan del equipo económico (y eso que el Gobierno ha limitado voluntariamente sus encuentros con la prensa, al menos con la prensa nacional). Comprendo que los aterrizajes no son fáciles, pero creo que hace tiempo que llegó el momento de explicar coherentemente a la ciudadanía qué es lo que se hace, por qué se hace y qué se piensa hacer: no queda otro remedio que cimentar la confianza ciudadana en el nuevo Gobierno, que, por lo demás, llega bendecido por el apoyo de correligionarios europeos, señaladamente el vecino del norte, Nicolas Sarkozy, y por un margen de comprensión de la opinión pública interna.

Creo, y lo repetiré donde haga falta, que Rajoy acertó básicamente en la elección de sus ministros y en la designación, hasta ahora y con algunas excepciones, de los «segundos escalones» de la Administración. Pero de poco sirve ese acierto si no se «vende» convenientemente, y me parece que esa venta no ha existido; debería recordar Rajoy que no basta con vencer si no se convence, y que todo ahora le es muy fácil porque la oposición, ensimismada en sus peleas intestinas, simplemente no existe. Así las cosas, Rajoy corre el riesgo de que las críticas a sus acciones y omisiones provengan exclusivamente de algunos sectores de los medios de comunicación… y de algunas zonas menos templadas, o más desfavorecidas, de su propio partido, que este lunes escenifica su unidad en el funeral madrileño por Manuel Fraga, el hombre que aglutinó a toda a derecha.

Atención, pues, porque en el interior del PP, sometido a tensiones como los procesos Camps, Matas y demás, también pasan cosas; menos, naturalmente, que en el interior del PSOE, pero se equivocaría quien pensase que todo es calma chicha en el seno del partido gobernante y que el próximo congreso «sevillano» del partido va a resultar un paseo militar, aunque, en apariencia, pueda llegar a parecerlo.

Rajoy, remontando la fama que, interesadamente, se le ha querido atribuir como un político perezoso, ha hecho bastantes cosas en este mes; ha hecho, incluso, mucho, incluyendo el obligado primer viaje a Marruecos, que ha resultado un éxito. Pero ha descuidado su comunicación con la ciudadanía, y eso tiene su importancia, porque pasa factura.

Recuerda, Rajoy, que eres mortal, y que la sensación de inseguridad jurídica fue lo que causó el desastre electoral del PSOE…

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