Esperando a mister IVA.

Los chinos están optimistas. Según su zodiaco, el 23 de enero empieza el Año Nuevo Lunar, “año del dragón” y trae montones de riqueza, felicidad y buena suerte. Las ciudades del antiguo Catay están vestidas de rojo y amarillo. Incluso el Empire State de Nueva York luce estos colores en los últimos pisos. Queda ya lejos la proeza de aquellos primeros chinos que llegaron a América en el siglo XIX y se unieron a los forty niners en plena fiebre del oro, buscando lo que después se acuñaría como el nuevo sueño americano. Pero ya llovió desde entonces y los chinos han seguido llegando y ahora, solo en Nueva York son muchos miles agrupados en su Chinatown que esperan ansiosos la fortuna del año del dragón. Para los que no somos chinos, simplemente estamos en enero y el Sol acaba de entrar en la constelación de Acuario. Dragones y mitologías aparte, no nos vendrían mal algunos efluvios siderales para afrontar esta cuesta de enero, la más empinada que se recuerda.

Sí, está siendo un enero frío; un frío que hiela el alma y las expectativas de muchos ciudadanos que pintan su futuro en escala de grises. Las medidas del Gobierno han creado malestar incluso entre muchos de sus votantes de buena voluntad. No es fácil de olvidar el mazazo, y la sombra del IRPF es alargada como la del ciprés, aunque la causa sea esa maldita herencia socialista de arcas vacías; ese déficit con el que no contaban, aunque yo siga sin creérmelo y discrepe de los buenistas, que no sé si lo son, o si se hacen. Yo, particularmente, y en contra de casi todo el mundo, hubiera preferido una subida del IVA. El Gobierno no tiene la intención de subirlo pero podemos apostar que el impuestito tomará tierra acompañado de más recortes una vez que Arenas haya reconquistado el Califato de Al Andalus.

La economía acapara todo el protagonismo. No estaría de más una mejor coordinación para evitar que la vicepresidenta salga en plan marisabidilla corrigiendo las declaraciones del ministro Montoro al Financial Times, y luego éste corrigiéndose a sí mismo tratando de explicarnos que cumpliremos con el déficit, no porque lo mande Europa, sino porque es una promesa electoral del Partido Popular. No quedan bien las desautorizaciones y además nos recuerda épocas pasadas, aunque muy recientes. Tampoco estaría de más que la vicepresidenta siguiera empleando el discurso claro que encantó a los peperos cuando era portavoz de la oposición y ponía contra las cuerdas a De la Vega y a Rubalcaba. Ahora parece que se ha dejado llevar por los eufemismos que tanto se estilan en los gabinetes enmoquetados, con mucha forma, poco fondo y, además, confusos. Echamos esto al pozo de los deseos. A ver si se cumple.

La foto del mensaje de Rubalcaba, “Gallardón va a Defensa”, tuvo consecuencias: para los gráficos, que fueron amenazados con sanciones, y para el PP por las fotos de Rajoy con la lengua fuera y otros gestos poco favorecedores. ¡Fuera censura y viva la libertad de expresión! Por cierto, Gallardón sí iba a Defensa, pero el Rey dijo, sugirió, pensó, mandó, aconsejó que tenía que ser Morenés y así se hizo.

A la izquierda no le hace mucha gracia que los gestores públicos constructores de aeropuertos sin aviones y otras obras faraónicas, amén de enriquecimientos milagrosos, paguen sus tropelías incluso con cárcel. Inexplicable, aunque hay que matizar. No es lo mismo salirse del presupuesto para realizar un bien social, que trincar para llevárselo crudo. Esperemos que la ley de transparencia lo deje claro, sin demasiadas ambigüedades.

Cospedal con vocación de superwoman no quiere dejar la silla de la secretaría del partido. Le parece poco Castilla-La Mancha y no se resigna a abandonar sus comparecencias de los lunes ante la prensa. Algunos críticos ya le han dicho a Rajoy que la mande a su taifa, pero los cabildeos de las últimas semanas indican que no habrá cambios, salvo en la elección de un posible coordinador ayudante. No estaría mal, no obstante, una cara nueva para un nuevo tiempo, y sus votantes manchegos –muchos por castigo a Barreda— se lo agradecerían y se sentirían menos huérfanos y ninguneados.

Rubalcaba y Chacón siguen vendiendo humo socialista. Uno vende unión y la otra cambio. ¡Vaya por Dios! Los buenos socialistas –que haberlos hailos—no tienen donde elegir. Los dos representan a lo peor del socialismo. Si Rubalcaba es felipismo puro y suscriptor de toda la historia negra del Partido Socialista desde su fundación –nada romántica, como se nos vende, ni honrada tampoco, como han ido demostrando cada vez que tocaron poder—, Chacón es eso y además nacionalista excluyente-independentista que babea ante todo tipo de radicalismos, con toda la cargazón de la nueva izquierda socialista-feminista de género-movimiento queer, que engloba todo lo marginal y pervertido, presentándolo como avance social ante una masa bobona desprovista de valores y dispuesta a tragarse sacos de mentiras sin masticar. La frase latina atribuida a Petronio, Mundus vult decipi, ergo decipiatur, parece ser el lema que los socialistas tienen en el frontispicio de sus casoplones.

Carmen Vela ahí sigue a pesar de las más de 25.000 firmas de Hazte Oír y el artículo de La Gaceta, del que se hace eco Periodista Digital. La semblanza de la señora no tiene desperdicio. ¡Y hela ahí! No sé qué le pasa a esta derecha española que siempre tiene que hacerse notar. Es una especie de castigo, me decía un alto cargo del PP hace unos días. “No sé por qué tenemos que meter la pata en cosas así”, me decía otro.

Y entre noticia y noticia, se nos fue don Manuel Fraga. Sus restos descansan en Perbes al lado de su esposa, como era su voluntad. Mucho se habló estos días, como no podía ser menos. En general, para bien, salvo unos cuantos radicales deseosos siempre de resaltar cualquier defecto por encima de grandezas evidentes. Esta mañana, hablaban en la radio unos chicos jóvenes que habían nacido siendo Fraga presidente de la Xunta. Andaban, por tanto, por los veintes. Hablaban de oídas, claro, y decían que echaban de menos que Fraga no hubiera condenado el franquismo, y que no se hubiera puesto de relieve estos días su horrible pasado. Pobres chicos. ¡Cuánta desinformación! ¡Cuánta verdad a medias! También oí decir a muchos que Fraga había sido una figura importante en la Transición porque había civilizado la derecha. ¿Quién les dice a estos sabios que la derecha ya estaba civilizada, y que quien se tuvo que civilizar fue la izquierda? ¿Hacemos memoria histórica, pero de la buena? Mejor otro día.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
www.magdalenadelamo.com
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(23/1/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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