Fernando Jáuregui – No te va a gustar – El fracaso de la política


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

O lo judicializamos todo, o nos pasamos la vida en desplantes políticos de corto alcance; el caso es no dar una oportunidad a la flexibilidad, al diálogo, al consenso… ni al sentido común. Lo que ha ocurrido en Asturias, donde, ante la imposibilidad de consensuar los Presupuestos, se repetirán las elecciones, es, pura y simplemente, un fracaso de la política en el mejor sentido de la palabra, y, «sensu contrario», un éxito de la peor concepción de la política. Como lo es la «guerra de vídeos» en Andalucía o el recurso de los socialistas contra la sentencia del tribunal que absolvió a Camps en Valencia: la guerra sigue siendo el método preferido sobre actitudes más dialogantes y constructivas.

Es el concepto de la política como algo que es patrimonio exclusivo de los políticos, que dirimen sus batallas internamente, como si la ciudadanía fuese algo ajeno, un ente magmático al que deben importarle un rayo las actividades de los profesionales de la política, que se lo guisan y se lo comen.

Conste que he encabezado este comentario con tres ejemplos, pero tendría muchísimos más: el hecho de que los candidatos a la secretaría general del PSOE no se hayan tomado la molestia de debatir en un medio de comunicación sus respectivas ofertas a la sociedad demuestra, entre otras cosas, que carecen de tales ofertas o que, si las tienen, se conciben como un mecanismo propio de poder endogámico más.

Pienso que estas consideraciones tienen su importancia: las formaciones políticas españolas no han querido, sabido o podido adaptarse a las nuevas actitudes que exigen las circunstancias. No se han abierto a la sociedad, y lo digo precisamente cuando los dos principales partidos nacionales están al borde de la celebración de sus respectivos congresos en Sevilla, teóricamente con el propósito de adaptarse a los nuevos planteamientos políticos derivados de la nueva situación en España, en Europa, en el mundo. Pero ese propósito es solamente teórico: la batalla electoral andaluza -y ahora la asturiana– se proyecta con los viejos esquemas, con las viejas tácticas y triquiñuelas.

Temo que no han entendido nada, y de poco servirá que los unos y los otros se peloteen las culpas: los ciudadanos seguirán viviendo ajenos a quienes, a su vez, les dan la espalda.

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