Antonio Casado – El PSOE busca un líder.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

El resultado es imprevisible porque los delegados no acuden con mandato vinculante, aunque muchos de los 956 fueran elegidos en función de su preferencia declarada en los «congresillos» previos. Ahora votarán uno por uno, en secreto y en urna. Así que será Chacón o será Rubalcaba, nadie lo sabe, tras el recuento previsto este sábado en el 38 congreso federal del PSOE.

Sin querer adelantarme a los acontecimientos, me limito a levantar acta de que en las vísperas del congreso de este fin de semana en Sevilla la precandidata, Carme Chacón, había subido sensiblemente en las apuestas. Entre otras cosas por el argumento cuantitativo que le atribuye prácticamente todos, o casi todos, los votos del PSC (su partido, el de los socialistas catalanes), en tanto que las demás delegaciones territoriales aparecen profundamente divididas.

Además, entre dirigentes y militantes del PSOE ha ido abriéndose paso el factor generacional de la pugna entre un felipista con trienios, Rubalcaba, y una criatura del zapaterismo como Carme Chacón. La juventud de ésta, frente a la veteranía de aquel. Ese ha acabado siendo el elemento diferencial decisivo en función de la ineludible renovación y puesta al día de un partido visiblemente descolgado de la ciudadanía.

Por su parte los aspirantes a la secretaría general y su respectivos equipos han mantenido hasta hace dos o tres días una estúpida guerra de cifras sobre cuál de los dos cuenta con más delegados o más barones regionales. Eso también ha formado parte del debate cargado de palabras y vacío de contenido que se corresponde con la desorientación reinante después del peor año del PSOE desde la feliz recuperación de la democracia después de la muerte de Franco, como reconocen sus dirigentes.

En cuanto al debate previo al congreso apenas si ha dado para ejercer el quinielismo sobre cuál de los dos se hará con el control del aparato. Por desgracia, no ha aportado gran cosa respecto a la capacidad de uno y de otra para rehabilitar al PSOE como pilar izquierdo del sistema político nacional. Nos ha llegado un sonido hueco en ese sentido, más allá del careo en la lucha por el poder. Al final lo único que va a ser realmente decisivo es la diferencia de edad. La juventud de Chacón ante a los trienios de Rubalcaba. Dos caracterizaciones personales diferenciadas por la edad pero descargadas de ideas y propuestas. Ni media palabra sobre la puesta al día de la socialdemocracia. Ni media palabra sobre las causas del hundimiento del PSOE en la segunda Legislatura de Zapatero.

En fin, humo. El colmo fue la negativa de la organización -o tal vez del propio Rubalcaba- a escenificar un debate público entre los dos aspirantes a quedarse con la Secretaría General. Ahí el PSOE se desmintió a sí mismo, después de haber proclamado por activa y por pasiva que el partido es un instrumento de los ciudadanos y no de los militantes.

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