Pedro Calvo Hernando – A los dos meses escasos.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La manifestación de Madrid no quise perdérmela, porque no me fío nada de unas informaciones sobre asistencia que suelen diferir en diez o veinte veces unas de otras. Lo importante me parecía ver y vivir el gentío y el clima que allí se iba a respirar. Pues bien, no recuerdo nada semejante desde las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak. Que no me lo cuenten, que no me engañen. Que no se engañe el Gobierno a sí mismo, que esa es la peor receta imaginable. Que se acuerden de los últimos tiempos de su etapa anterior, y eso que venían también de una mayoría absoluta. La mayor parte de los cientos de miles de españoles que había en las calles de Madrid y de otras 56 ciudades no habían ido a votar el 20-N, ni tampoco otros muchos cientos de miles. Esa es la clave de la victoria del PP, que nos pareció escandalosa antes de hacer los cómputos de votantes y abstencionistas. Es la enorme franja que puede decidir el futuro político de este país.

Lo más destacable de toda esta historia es que tal cosa sucede cuando ni siquiera se habían cumplido dos meses de la toma de posesión del Gobierno de Rajoy. Pero es que la llamada reforma laboral es algo tan inaudito y monstruoso que es capaz de llevarse por delante a cualquier Gobierno con cualquier resultado electoral que haya tenido. Lo que está pasando es capaz de llevarse por delante incluso las seguridades del PP de ganar las elecciones de Andalucía. Es muy probable, pero vamos a verlo. Mucho depende de lo que vaya sucediendo con la economía en Europa, mucho pero no todo, claro. Y menos si se confirman los temores de esa otra gran ofensiva de recortes y destrozos después de las elecciones del próximo 25 de marzo. No quiero dejar de destacar, en el capítulo positivo del Gobierno, esa carta firmada junto a otros once países de la UE marcando algún nuevo rumbo a Merkel y Sarkozy.

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