Irán y las trampas semánticas de la prensa internacional

Mucho antes de que William R. Hearts sirviera de inspiración a Orson Welles para el despiadado y excesivo personaje central de su “Ciudadano Kane” (RKO, 1941), el todopoderoso magnate norteamericano ya se había labrado a pulso su merecida fama de hombre sin escrúpulos merced a anécdotas como la siguiente: corría el año de 1897 y a la Cuba aún española acababa de llegar Frederic Remington, corresponsal a la sazón del grupo de Hearts y cronista curtido en las inmensas extensiones del Far West, donde había desarrollado una ingente tarea como fotógrafo y reportero.

En pocas palabras, Frederic Remington podía ser muchas cosas, pero ni era un novato ni era un gandul. Sin embargo, la Cuba que le recibió no era tal y como se la habían pintado en la redacción antes de partir. Él esperaba una isla en llamas con unos españoles muy malos masacrando a millares a los cubanos y una aguerrida guerrilla plantándoles cara desde cada cerro, cada colina y cada playa.

Tampoco es que las autoridades españolas fueran unas santas, ni mucho menos, pero él venía del Oeste de los Estados Unidos, donde su gobierno no es que se hubiera caracterizado precisamente por el trato humano hacia los nativos americanos. Así pues, al cabo de un tiempo se decidió a enviar el siguiente telegrama a su patrón: “Todo está tranquilo. No hay problemas. No habrá guerra. Deseo volver”.

¿Volver? Desde luego eso no era lo que Hearts tenía en mente. Así pues, le envió una respuesta que al cabo de unos años acabaría por convertirse en el lema del escudo de la prensa sensacionalista del universo mundo: “Por favor, manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra”. Y vaya que si la proporcionó: titular tras titular en pocos meses logró que la población norteamericana terminase por levantarse cada mañana preguntándose qué más tenía que ocurrir para que su mojigato Gobierno declarase de una vez la guerra a esos crueles “dons”, apelativo despectivo por el que se conocía entonces a los españoles.

El resto de la historia ya lo conocemos de sobra, aunque sólo sea porque alguna vez en nuestra vida hemos tenido que sufrir la dichosa frasecita de “Bueno, más se perdió en Cuba”. En todo caso Hearts se salió con la suya: tuvo una guerra y sus diarios experimentaron unas tiradas únicas hasta esas fechas en la historia del periodismo. Con perdón para el periodismo.

Y algo por el estilo, salvando las distancias, no muchas, está pasando hoy día: no hay semana en la que no despertemos con uno o varios titulares sobre una posible guerra contra Irán. Que si un bombardeo israelí, que si una operación terrestre saudita, que los iraníes planean bloquear el estrecho de Ormuz, que si tienen la bomba atómica ya o la tendrán en tres semanas…

Ciertamente, el régimen de los ayatolás no es, como no lo fue el dominio español de Cuba, salvando de nuevo las distancias, que de nuevo no son muchas, ningún ejemplo de mesura y liberalidad. Sin embargo, no podemos por ello dejarnos engatusar sin más por los cantos de sirena de la prensa internacional. Una cosa es exigir a Irán garantías y otra muy diferente dar por buena una respuesta militar sin más ni más, sólo porque así debe ser, porque lo dice la prensa.

Muy al contrario, como ciudadanos, hemos de permanecer alertas y con nuestro sentido crítico en forma, pues como bien dice el politólogo Juan José Domínguez: “Una de las técnicas de la propaganda política consiste en ir inoculando la acciones bélicas impopulares”. Y mucho me temo que en esas estamos ahora mismo. Y si no, y aunque nada me gustaría más que equivocarme en este particular, al tiempo.

Carlos Aitor Yuste Arija @aitoryuste

Historiador

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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