Esther Esteban – ¡Un respiro!


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

El Consejo de Ministros acaba de aprobar una medida de hondo calado económico que va permitir a las empresas proveedoras de ayuntamientos y autonomías cobrar los casi 30.000 millones de euros que se les adeuda. El dinero llega como agua de mayo ya que muchos pequeños y medianos empresarios, con el agua al cuello, se han visto incluso obligados a cerrar sus negocios, impotentes cuando el moroso es la administración.

Los proveedores podrán cobrar sus facturas directamente en las entidades financieras a través de un consorcio entre la banca y el ICO y aunque pueda existir el riesgo de que puedan aflorar facturas no reconocidas en la contabilidad, el riesgo es menor comparado con el beneficio. Así, los grandes bancos abonarán las deudas atrasadas contraídas por las empresas a cambio de recibir unos intereses atractivos por intermediar en la operación. Visto así, todos saldrían ganando, por lo que la medida además de eficaz, puede suponer un estimulo para el crecimiento, del que nuestro país está muy necesitado.

A esta medida se une otra de gran calado social para evitar los desahucios, como es la dación en pago. El plan prevé que se pueda utilizar este sistema cuando una familia esté al borde de la exclusión, es decir, que ninguno de sus miembros tenga ni ingresos ni patrimonio y, además, se exigirá a la banca que permita a la familia que esté en esa situación permanecer dos años en la vivienda, si no tiene otro sitio donde ir antes de consumar el embargo. Con esta decisión el gobierno de Rajoy adelanta por la izquierda al de Zapatero que no movió un músculo, aunque simpatizaba con el 15M y este ha tenido precisamente entre sus iconos el tema de los desahucios.

Resulta absolutamente desgarrador ver como se echa a una familia de su casa por falta de pago y, por eso, aunque se trate solo de implantar un código de buena conducta a la banca, es de suponer que esta será receptiva. Es verdad que el momento es crítico y todos lo estamos pasando mal, pero el Gobierno está obligado a velar por los más débiles porque precisamente es en los sectores más vulnerables en los que se está cebando la crisis. Por eso, resulta especialmente llamativo que los que hasta anteayer estaban en Moncloa y miraban hacia otro lado ahora critiquen hipócritamente que otros al menos intenten enmendar el desaguisado. Da la sensación que les molesta que las cosas se hagan más o menos bien en asuntos como estos, simplemente porque quienes lo hacen no son de los suyos. Las miserias partidistas no tienen límite.

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