Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Garzón pierde el presente, ¿gana el futuro?


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Dos a uno: Garzón ha salido absuelto de dos de los tres casos en los que ha tenido que sentarse en el banquillo. Finalmente, el Supremo absolvió por seis votos a uno al ya exjuez «estrella» en el caso de la memoria histórica y las víctimas del franquismo, que era el último que tenía aún una resolución pendiente. También le absolvieron -aunque en una sentencia con durísimas consideraciones, en las que se recordaba que si salía bien librado era porque el delito había prescrito_ en el asunto de las «dietas» por sus cursos en Estados Unidos. Y, por el tercer proceso -escuchar las comunicaciones entre un detenido y su abogado-, le inhabilitaron por once años en el ejercicio de la judicatura, que es como condenarle a no volver a ejercer en su vida.

Se diría que el saldo, desde este punto de vista, resulta negativo para el juez que más titulares ha acaparado en España durante las dos últimas décadas. Los procesos contra él, algunos, como el de la memoria histórica, alentados por gentes que ni siquiera podrían ser calificadas como demócratas, han dividido, como ninguna otra cuestión, a la sociedad española. Si Garzón quería protagonismo, lo ha tenido hasta la saciedad; si quería polémica, la ha centrado como nadie más en este país polémico.

Probablemente, la Historia dirá que Garzón no tenía que haber sido juzgado en los tribunales, sino que sus casos deberían haberse visto en el seno del Consejo del Poder Judicial, que era el que debería haber adoptado sanciones, en su caso. Con todo lo ocurrido, ha quedado el aroma de una cierta «vendetta» (presunta) de jueces poco afectos a Garzón, que, sin duda, se ha ganado a pulso la ojeriza de algunos, la envidia de muchos, el resentimiento de no pocos de sus justiciables… y, de otro lado, se ha convertido en el líder coyuntural de una cierta izquierda, como antes lo fue de una cierta derecha. Algunos que quisieron hundirlo han hecho de él un héroe para una de las dos españas. Su tentación ahora va a ser, dicen, la de liderar algún movimiento políticamente radical: quo vadis, Baltasar?

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