Fernando Jáuregui – Cuídate, Rajoy, de los idus de marzo.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Comprendo que hablar bien de alguien resulta periodísticamente menos rentable que hablar mal, y entiendo también que la crítica es elemento esencial en la tarea del informador. Por ello mismo, por lo excepcional, quisiera aquí y ahora, sin que sirva de precedente, elogiar el talante que viene mostrando Mariano Rajoy en sus por lo demás escasas declaraciones a los medios. Me ha sorprendido el bajo relieve que la mayor parte de estos ha dado a unas manifestaciones, para mí importantes aunque es cierto que «informales», a la salida de un acto en el que presentaba la próxima «cumbre» iberoamericana de Cádiz: «Lo que no podemos hacer es perder la confianza en nosotros mismos», dijo el presidente del Gobierno, no muchas horas antes de partir hacia un reunión del Consejo Europeo en la que España tenía las cosas del todo menos fáciles. Y sigue, por cierto, sin tenerlas…

Ya sabemos que sus colaboradores le llaman «el hombre tranquilo». Si alguna vez ha dado un puñetazo sobre la mesa -que seguro que sí_ lo habrá hecho en la soledad de su despacho, con apenas un testigo, como mucho. Pero lo cierto es que, en momentos de crispación, cuando nos topamos con escenas callejeras que podrían, ay, recordarnos a Atenas (¡en Barcelona, ahora capital mundial del móvil!), Rajoy no ha querido compartir ni la alarma extrema de alguno de sus ministros ante la situación económica (Guindos a veces nos asusta) ni las acusaciones de otros contra la oposición, en el sentido de que es ella (los socialistas en concreto) quien instiga esas manifestaciones que ocasionalmente rayan en la violencia. Escaso contenido pactista el de esas acusaciones, de la misma manera que algunas otras, procedentes del PSOE, muestran igualmente un nulo afán de concordia. Con lo necesaria que sería en estos momentos en los que los ciudadanos se interrogan por el futuro que les viene encima…

No; a Rajoy no podría, desde luego, acusársele de estar fomentando crispaciones, aunque no sé si tiene capacidad, ni siquiera entre los suyos, para evitarlas. Rajoy tiene aliento aún para ser optimista (moderadamente, también en eso): «España superará esta crisis, como ha superado otras, y las que vengan después», ha dicho, pero después de reconocer que «este año no va a ser fácil, porque no es una situación fácil a la que nos enfrentamos; tendremos que hacer esfuerzos».

Lo que me pregunto es si el presidente logrará que esos «esfuerzos» los hagan todos los españoles. Ya digo que no me parece que exista un buen clima -y menos aún cuando contemplo las portadas incendiarias en las calles de algunas ciudades españolas_ para llegar a entendimientos. Aunque algunos augures manifestaran lo contrario, lo cierto es que nunca fueron buenos los idus de marzo. Que se lo digan, si no, a Julio César.

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