Carlos Carnicero – Sabina y Serrat: pájaros en Buenos Aires.


MADRID, 03 (OTR/PRESS)

Los argentinos son expansivos como consumidores de música y tienen altares amplios para sus ídolos; sin duda Sabina y Serrat lo son. Joaquín y Joan Manuel son además referentes políticos y sociales. Los periodistas les preguntan sobre la argentinidad de Las Malvinas y sobre las protestas en España. Sobre la legalización de las drogas.

No se habla mucho de su música en las ruedas de prensa porque todo el mundo la sabe tararear. Lo que quieren de ellos es un pronunciamiento político. Se acuerdan, también, de que ellos eran los chicos de la ceja circunfleja.

Treinta conciertos en dos meses es una cifra importante para dos músicos que son españoles pero no son extranjeros aquí. Forman parte del paisaje del Río de La Plata como el tango, el mate o la inflación.

Por primera vez en mucho tiempo Argentina no está aparentemente mal y los argentinos observan el derrumbe de la economía española con perplejidad. Y Sabina y Serrat, los pájaros que contraatacan con su disco «La orquesta del Titanic», son la fuente más creíble para conocer lo que pasa en la vieja Europa.

Son un matrimonio perfecto; pero ahora el gancho hacia el público lo tiene Sabina. Joan Manuel ya está en papel de abuelo entrañable del que se espera que cuente batallitas. Se le quiere desde siempre, pero ya es más pasado que futuro. Joaquín domina la escena con su pedigrí de canalla entrañable y humano. Un permanente adolescente que no se resigna a crecer.

Viéndoles en el escenario y en la conversación no queda más remedio que sentir nostalgia de una unión que nunca se ha consolidado entre España y Latinoamérica. Hay multinacionales españolas con oficinas en todas las calles de Buenos Aires. Y hay carteles de los pájaros convocando a sus conciertos. Pero la España política y mediática tiene un hueco que ni los medios de comunicación ni los gobiernos se han preocupado de ocupar.

Europa tiene sus calles levantadas. El asfaltado del estado del bienestar tiene socavones que nadie quiere rellenar. Latinoamérica tiene sus caminos de ripio y de polvo, pero es un continente en crecimiento y consolidación. Circula la palabra y se escucha antes de contestar. No hay todavía cortafuegos a la utopía. Y Sabina y Serrat son el último enlace entre mundos desiguales que están desencontrados.

Cuando los pájaros emprendan el vuelo, nos vamos a quedar más solos a las dos orillas del Atlántico. Ellos han venido a recordar que el Titanic de los sueños de bienestar europeos se está hundiendo. Otra vez no hay botes salvavidas más que para la primera clase.

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