Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Bueno, al menos una buena noticia….


MADRID, 03 (OTR/PRESS)

Andaba el país crispadísimo, acongojadísimo. Que si los socialistas estaban tras las manifestaciones callejeras de protestas varias que «helenizaban» la imagen de España. Que si los «eurócratas» nos acogotaban con esa exigencia de previsión de déficit público del 4″4 por ciento. Que si los sindicatos han perdido el norte convocando una manifestación en la «jornada sagrada» del 11 de marzo. Que si, hablando de esa fecha, hay que revisar todo lo actuado en el juicio contra los «presuntos» autores islamistas… En fin, para colmo, la pertinaz sequía, por si algo nos faltaba. Y entonces…

Entonces Mariano Rajoy se plantó en Bruselas, tras la «cumbre» del Consejo Europeo, y nos anunció a los periodistas, en la rueda de prensa posterior a sus encuentros con sus colegas de la UE, que el déficit previsto para 2012 será del 5″8 por ciento. Y no ese fatídico 4″4, incumplible, con el que pretenden atornillarnos el presidente de la UE, Van Rompuy, y el presidente de la Comisión, Durao Barroso, quién sabe si por indicaciones de la «jefa» Merkel. Rajoy fue más lejos: aseguró a los informadores que esta discrepancia de cifras no la había consultado con los otros jefes de Gobierno europeos, porque España es una nación soberana.

Sabemos que a los vanrompuy de turno no les ha sentado demasiado bien el desplante torero de Rajoy, que hace no mucho había asegurado que ese objetivo del 4″4 para 2012 se cumpliría «sí o sí». Pero ha sido un desplante que, claro está, ha gustado, en cambio, no poco en los medios nacionales. Debo reconocer que yo mismo me sentí aliviado ante esa al menos mínima declaración de independencia, aun sabiendo que, con toda la prudencia que quieran pretender la canciller alemana y sus muchos eurocorifeos, podemos acabar pagando caro el raro gesto torero del flemático presidente de nuestro país.

Y ahí se produjo la buena noticia: el líder de la oposición, enfrascado en «su» congreso de los socialistas madrileños, que es un quebradero de cabeza para él, aprobó las palabras de Rajoy, le dio la «bienvenida a la racionalidad» (o la que Rubalcaba considera tal) y le prometió su apoyo a una política de menores recortes que lo cierto es que, hasta ahora, ha servido de poco. ¿Es el fin de las hostilidades, que hicieron a un ministro del Gobierno del PP decir públicamente pocos días ha que el PSOE estaba alineado con las protestas callejeras violentas?

Quién sabe. Lo cierto es, hay que decirlo una vez más, que el país entero es un clamor en busca de concordia política, de consensos ante una situación tan difícil que el Gobierno no pierde un segundo en edulcorarla: más de seiscientos mil nuevos parados puede traernos este año, dijo la vicepresidenta Sáenz de Santamaría al acabar un Consejo de Ministros, que ella presidió esta vez, rodeada por los ministros de Economía y de Hacienda. ¿Habrá estallado la paz, ahora que se trata -el presidente de Cantabria dixit- de administrar la miseria?

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