Carlos Carnicero – El fraude de la democracia.


MADRID, 04 (OTR/PRESS)

Mariano es un mago con chistera donde esconde sus intenciones. Lo hizo en la campaña electoral. Prometió lo contrario de lo que ha hecho después. La justificación se ha basado en la ética de la oportunidad. No se dice lo que puede restar votos o se dice lo contrario. Luego se actúa conforme a la realidad que se revela cuando ya los electores han decidido. Eso es esencialmente un fraude de la democracia.

Los ciudadanos no dan una carta en blanco a quien gobierna. Le dan su confianza sobre la base de un programa que quienes votan creen que va a ser cumplido. Cambiar las cartas a mitad de la partida es, sencillamente, hacer trampa.

Ahora Rajoy se maneja entre la angustia de la realidad, las presiones de sus barones y la necesidad de volver a emplear la chistera hasta que el día 25 de marzo se cierren las urnas en Andalucía y Asturias.

Es una técnica militar. Se esconden las estrategias hasta que se ocupa el territorio. Luego se puede hacer lo que convenga porque los ciudadanos están apresados por sus votos.

Esconder los Presupuestos Generales del Estado hasta el día 30 de marzo es hacer trampa. La interpretación más benévola sería de que quien así actúa considera a los electores menores de edad a los que no se les puede decir la verdad; pero la realidad es más obscena y cruel. Se compran votos con falsedades, ocultaciones y mentiras y luego se utiliza la fuerza de las urnas para hacer lo contrario de lo que se prometió o lo que se ocultó. La coartada perfecta es recurrir a la «cruda realidad» como si esta no se conociera de antemano.

Frente a la trampa está la legitimidad de la democracia como principio. Si el gobierno hace trampas con los votos de los ciudadanos, estos tienen legitimidad para denunciar el fraude y manifestar su protesta. La humillación del engaño convoca la indignación y esta amortiza el miedo.

La inteligencia de la disidencia está en que las demostraciones de repulsa sean pacíficas, marginando a los violentos que son la coartada de la represión y la demonización de la calle.

Mariano Rajoy debiera tener cuidado con la chistera. Es un sombrero que se desgasta cada vez que se esconde un conejo y sale una paloma. Si la chistera se vuelve porosa la magia terminará en tragedia.

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