Antonio Casado – Vista gorda en Bruselas.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Decisión «sensata, soberana, realista y de sentido común». Así calificaba este domingo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la iniciativa de rebajar la dosis de esfuerzo que España debe hacer para reducir el déficit público desde el 8,51 por ciento actual al 5,8 al terminar el año en curso. Ante la desviación de la cifra en 2,51 puntos sobre los seis comprometidos para el año 2011, Rajoy solo tenía dos opciones para alcanzar a finales de 2012 el 4,4 comprometido. Una, la Virgen de Lourdes. Otra, la vista gorda de Bruselas ante la fijación de un objetivo pactado en el plan de estabilidad europeo. Optó por la segunda.

Los medios de comunicación más adictos a la causa del PP han hablado de valiente desafío del Gobierno a la rigidez de la disciplina fiscal impuesta por las autoridades europeas. No ha hecho falta desafiar a nadie. En privado casi todos los colegas asistentes a la cumbre del viernes pasado reconocieron la necesidad de ser realistas en el combate contra el déficit público, a la vista de las malas previsiones de crecimiento económico. Es verdad que lo de España ha llamado más la atención por ser el primer país de la Eurozona donde se ha tenido que elaborar un presupuesto después de una desviación del déficit derivada de la inesperada recesión de finales de año.

Otros países ya tenían elaborados y en vigor unos presupuestos desbordados en la práctica por la caída de la actividad económica en el último tramo de 2011 y el primero de 2012. También se puede decir de este modo: España ha sido el primer país de la Eurozona en hacer este ejercicio de realismo (paradójicamente, al haber afrontado una elaboración tardía de los Presupuestos de 2012 a causa de las elecciones generales del 20-N).

Esos otros países tendrán que hacer el ejercicio de realismo a partir de mayo-junio, que es cuando la Unión Europea decidirá formal y oficialmente si hace una revisión del calendario fiscal, a fin de quitarle rigidez y dar un respiro a países con problemas de inestabilidad social. España puede tenerlos o no, pero los hubiera tenido con toda seguridad de haberse visto obligada a rebajar el déficit público, según lo comprometido, del 8,5 actual al 4,4 a finales de 2012. Es decir, más de cuatro puntos en un solo año. De todo punto imposible, so pena de generar tensiones sociales de imprevisibles consecuencias.

Además, los mercados no se lo hubieran creído, en el caso de que Rajoy hubiera seguido diciendo que España podría llegar al 4,4 por ciento comprometido a finales de 2012. En cambio el 5,8 anunciado por Rajoy el viernes en Bruselas es más pragmático y, por lo tanto, más creíble, sin que pueda hablarse de insumisión al programa de estabilidad fiscal de la Eurozona. Entre otras cosas, porque España mantiene su compromiso de cumplir con el 3 por ciento de déficit público comprometido al final del programa 2011-2013. Y en eso es evidente que Rajoy no está desafiando a la UE sino a sí mismo y a todos los españoles. Ahí encaja perfectamente la metáfora de un Mariano Rajoy dispuesto a aflojarnos la soga en 2012 para volverla a apretar en 2013.

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