Luis del Val – ¡Socorro, una hija adolescente!


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Hace ya algunos años Jean Pierre Bayard y Robert Bayard escribieron un ensayo bastante ligero, del género que yo denomino de «usar y tirar», titulado «¡Socorro, tengo un hijo adolescente!». El titulo era tan bueno que se convirtió en un éxito editorial, a pesar de su flojo contenido.

Me he acordado del libro durante el pasado fin de semana, cuando un juez decide enviar a una pareja de la guardia civil para liberar a una adolescente de 16 años, al que su padre había castigado con no salir de casa. Como cualquier padre sabe cómo se las gasta una adolescente cuando las hormonas están en plena ebullición, la encerró, porque si no la encierra temía que no hubiera cumplido el castigo.

La estupidez es un estado mental del que nadie estamos libres, ni siquiera un juez de guardia, y ahora tenemos a una adolescente recluida en un centro de acogida, o sea, a la que han arrancado de su hogar natural; a un padre en libertad con cargos, esperando a ver si le quitan la patria potestad, y a una madre acusada de complicidad de secuestro, porque la estupidez ha alcanzado tal grado de perfección, que le pegas una ostia al mocoso del niño porque se ha atrevido a insultar a su madre y, a continuación, no faltará un juez sandio que te acusará de malos tratos a un menor, le llevará a un centro de acogida, que, como todo el mundo sabe es un lugar en el que los niños están mucho mejor que con sus padres, y el problema es que, pasado el tiempo, no le puedes llevar al niño a que viva en casa del juez, para ver si el juez, un día, se atreve como en la canción de Serrat a decir «niño deja ya de joder con la pelota», porque allí se le puede pillar por maltratos psicológicos.

Tenemos un problema, pero no es ni de padres, ni de adolescentes, sino de una silenciosa invasión de mentecatos que han llegado demasiado alto. ¡Socorro, que vivo en España!

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