Julia Navarro – Escaño Cero – Sexo y Gramática.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Verán yo creo que la Gramática no es asunto de los políticos y mucho menos hacer guías en las que nos marquen el cómo debemos de hablar. Por eso me parece un acierto el informe «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer» del académico Ignacio del Bosque. Creo que Del Bosque ha venido a poner los puntos sobre las íes sobre un asunto tan sensible como es el correcto uso de la lengua.

Soy feminista, y por tanto no hace falta que nadie intente convencerme de que aún hoy en nuestra sociedad persisten desigualdades entre hombres y mujeres, y si miramos hacia el exterior, más allá de los países de la Unión Europea o de Estados Unidos y Canadá, encontramos que la situación aún es peor.

Pero luchar por la igualdad de las mujeres no creo yo que pase por cambiar las reglas de la Gramática. Coincido con lo dicho por el ex ministro de Cultura César Antonio de Molina de que «la lengua es un ser vivo, que añade, quita, inventa». De manera que como la lengua está viva va modificándose con el uso y es labor de la Real Academia de la Lengua ir estudiando esos cambios y esas nuevas aportaciones al lenguaje común.

Ahora, lo que me parece es que el dirigismo político no puede extenderse a cómo debemos de hablar. El sexismo en el lenguaje no se corrige a base de decretos ni de guías de estilo.

En el español está meridianamente claro que hay palabras que engloban ambos géneros, de manera que no hace falta hacer hincapié con el «nosotros y nosotras» tan de moda por más que haya muchas voces que defienden que el lenguaje tiene que hacer visibles a las mujeres como forma de luchar contra la discriminación, de manera que han decidido buscar fórmulas que se saltan a la torera las reglas gramaticales pero que supuestamente son políticamente correctas.

Reconozco que me pone de los nervios escuchar a los políticos torcer el lenguaje hasta límites que rozan el ridículo. Recordemos el famoso y patético «miembros y miembras» de la exministra Aido al iniciar su intervención en una comisión del Parlamento. Sinceramente, no creo que la mayoría de las mujeres se sientan discriminadas cuando alguien utiliza el uso genérico del masculino. De la misma manera que no creo que los hombres se sobresalten por lo contrario. Un pez es un pez, no es «una» pez, una sardina es «una» sardina no «un» sardina».

Solo hay que salir a la calle y escuchar como habla el común de los mortales para darse cuenta de que no se puede cambiar por decreto el uso de la lengua. Esas recomendaciones de las guías de instituciones políticas y sindicales se rompen al chocar con la realidad.

El lenguaje supuestamente no sexista y políticamente correcto resulta tan almibarado, tan poco natural, que chirría y a veces roza el esperpento. Claro que debemos de continuar luchando contra el sexismo, contra la discriminación de las mujeres. Pero me parece más efectivo lograr que a igual trabajo las mujeres cobremos el mismo salario que los hombres. O que se deje de examinar y criticar la vestimenta de las mujeres que se dedican a la política. O que logremos que la maternidad no suponga un handicap en la carrera de cualquier profesional. Etc, etc, etc.

Recomiendo a nuestros políticos que se lean dos veces el informe del académico del Bosque. No les vendrá mal para dejar de dar patadas a la Gramática.

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