Andrés Aberasturi – Huelga, tribunales y Griñán al fondo


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Pues esto es lo que hay en este país nuestro tan lleno de alegrías como de duelos y quebrantos -sin acepción gastronómica-. Y lo que hay es el anuncio solemne de una más que prevista huelga general -los líderes sindicales se ponen siempre muy solemnes y como taciturnos cuando anuncian huelgas generales-, el enfado entre Belén Esteban y Lydia Lozano y la posibilidad nada remota de que para cruzar por un paso de cebra tengamos que pedir el amparo de un juez. No llueve, Soraya Sáenz de Santamaría da la sensación de que lleva explicando consejos de ministros desde que era pequeña y Griñán, nuestro hombre en el Sur, quiere mantener Andalucía como una isla de libertad social en esta España que -por exclusión- debe ser una península bajo la dictadura de las clases burguesas. Nada nuevo.

Pero vayamos por partes, como debió decir el doctor Frankestein. Si yo fuera el Gobierno, no me preocuparía demasiado de la huelga anunciada salvo por la pérdida de dinero que supone para todos los españoles; un gobierno al que no le hacen una huelga general, ni es gobierno ni es nada. Sólo se salvó Calvo Sotelo pero por breve más que otra cosa y también es digno de señalar que a Mariano Rajoy se la monten a los dos meses y medio de tomar posesión, ni los famosos cien días; es como para guiñar un ojo a los dos líderes sindicales y en plan amiguete preguntarles «¿qué?, había prisa ¿verdad?». Pero no pasa nada. Más incómodo es que los líderes aseguren para justificar su huelga que el Gobierno no ha querido negociar con ellos nada de la reforma laboral y que luego llegue la vicepresidenta y diga que han tenido 32 reuniones, hay otra para mañana o pasado con el fin de estudiar unos cambios propuestos por los sindicatos y se haya tramitado la reforma como proyecto de ley para poder discutirlo y mejorarlo en el trámite parlamentario. Alguien nos está engañando y no hace falta ser un lince para creer que no se puede uno inventar 32 reuniones o conseguir que pasen inadvertidas para los asistentes.

De lo de Belén Esteban y Lydia Lozano, vamos a pasar por el momento porque, siendo sin duda importante, no tiene por ahora la incomprensible trascendencia de lo dicho por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que ha enmendado la plana -se pueden buscar eufemismo, pero la verdad es la verdad- al Tribunal Supremo en un fallo que por un lado avala el modelo de inmersión lingüística que discrimina el castellano, pero por otro indica que la Generalitat tiene que ofrecer atención individualizada a las tres familias que recurrieron al Tribunal Supremo para que sus hijos sean escolarizados en español. Así que ya se sabe, para ejercer un derecho hay que recurrir al Supremo. ¿Se imaginan a los tres niños de los que recurrieron? ¿Tendrán amiguitos? ¿Llevaran un baby distinto al resto? Pobres.

Y Griñán feliz en su ínsula de «libertad social», Andalucía nuestra, el último paraíso socialista en esta España gobernada por caciques. Isla de libertad social con un paro superior al 31 por ciento, diez puntos más que en el resto, pero paraíso. Isla de libertad aunque a sus costas se acercan los reptiles y los juzgados están a rebosar de ilegalidades presuntas y los periódicos de inmoralidades ciertas, pero paraíso. Griñán defiende no se sabe muy bien qué y uno se pregunta qué más tiene que pasar en esta Andalucía nuestra, del mundo, para que alguien, me da igual quién, el PP, UPyD, IU.. alguien desaloje por el mandato de las urnas de una vez a quienes nada han hecho y nada pueden presentar más que palabras. Cuando las frases altisonantes y las islas de libertad social sustituyen a las cifras reales o encubren cosas peores, es que es hora de cambiar y con cierta urgencia.

a.aberasturi

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído