Carlos Carnicero – La huelga como solución.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

El anuncio formal de convocatoria de una jornada de huelga general el día 29 de marzo ha movilizado más, hasta el momento, a quienes están en contra de la decisión que a quienes están a favor de ella. O por lo menos son más visibles sus detractores que sus defensores. ¿Por qué?

Hay un pesimismo instalado en la sociedad sobre la crisis. No hay visible una alternativa a la política de recortes. Se ha interiorizado que estamos en manos de los dictados de la señora Merkel y de los poderes financieros. La indignación contra los responsables originarios de la crisis financiera se ha amortizado con algunos mantras que el neoliberalismo ha instalado mediante la perversión del lenguaje y el marketing eficaz de los poderes conservadores, frente a la nimiedad de una izquierda desaparecida de la escena europea.

Desde «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» al fatalismo de que «este estado del bienestar es insostenible». Y «debemos pagar lo que debemos y no gastar más de lo que tenemos». Enfrentarse a estos dogmas como «vagos del sur» -concepto con connotaciones racistas-impulsado por los conservadores alemanes y la prensa sensacionalista- es muy difícil porque detrás de él se esconde la responsabilidad de quienes propulsaron el crecimiento sobre bases tan dudosas como la burbuja inmobiliaria de la que los ciudadanos son víctimas y no responsables.

El punto final es el de «algo hay que hacer» que justifica que el Gobierno de Rajoy haga lo contrario de lo que prometió en su campaña electoral. Además se remata con el aserto de que «la huelga no es la solución» en un universo de cinco millones de parado y once millones de españoles en el filo del universo de la pobreza.

Evidentemente la huelga no es la solución; puede aspirar a ser el motor de rectificaciones de quienes tienen capacidad para decidir la política económica. Y eso es mucho.

Si los trabajadores no tienen razones para manifestar su repulsa a una reforma laboral que ataca claramente sus derechos, ¿qué podría justificar una huelga general? ¿Hay alguna otra manera de manifestar la oposición a las medidas que van a empobrecer generaciones sin ninguna garantía de que rehabiliten la economía, y mucho menos que los derechos perdidos se vayan a recuperar?

La historia de la humanidad es la síntesis del pulso entre los débiles y los poderosos. Estos han ido humanizando las relaciones laborales en la medida de que les ha sido imposible no hacerlo, y para frenar conquistas futuras por extensión de las reclamaciones laborales. Sí no hay resistencia, la estrategia se limita a acrecentar el poder de los que más tienen por la simple existencia de esos vasos comunicantes. Si la izquierda no presiona, la derecha invade el terreno. Y las armas mediáticas, políticas y económicas son tan desiguales que solo la indignación encauzada hacia la rebeldía puede conseguir un pequeño equilibrio. Y si no se producen las revoluciones que han sido imprescindibles para el avance de la igualdad.

Ahora navegamos en un mar encrespado. Y los dioses que manejan la nave son los mismos que han provocado la tempestad. Quieren aprovechar la tormenta para cambiar las reglas de juego y retroceder en las conquistas logradas. Buscan la complicidad de las víctimas para aumentar el poder de los verdugos.

La huelga no es solución; es un instrumento para la solución. Y eso ya es mucho. Probablemente no hay solución nacional para lo que ocurre. Y la extensión de las protestas tiene que tener un origen local para conseguir que se internacionalice. Todo esto, probablemente, es solo teoría y praxis marxista. Decían que había muerto. Pero los muertos resucitan cuando están mal enterrados. Quizá no sea políticamente correcto lo que digo; sencillamente es lo que pienso.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído