Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Rajoy de los menos de cien días.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Debo decir que no recuerdo ningún caso de un Gobierno que, menos de cien días después de haber tomado posesión tras un vuelco político de ciento ochenta grados, haya tenido que afrontar tantas pruebas: hasta una huelga general le han convocado los sindicatos, con la «comprensión» de una oposición obviamente desnortada. El Mariano Rajoy de los dos meses y medio en La Moncloa ha tenido ya el anuncio de su primera huelga general, para el próximo 29, varias manifestaciones -alguna de ellas, especialmente violentas y con patentes excesos policiales-, malas caras en Bruselas -cuando se atrevió a desafiar la cifra de déficit «impuesta» a España-. Y peores miradas aún en España, cuando sus ministros anunciaron, como parte de la panoplia de reformas ya iniciadas y por iniciar, cambios que nadie pedía ahora en cuestiones sociales como la educación y el aborto. Ahí es nada.

Aquí está ocurriendo algo muy serio: o resulta que el nuevo Gobierno del PP ha decidido agarrar el toro -todos los toros, incluso algunos a los que no se les esperaba en la plaza- por los cuernos, entendiendo que estamos ante una nueva era… o lo está haciendo rematadamente mal, que es lo que, a cuenta sobre todo -pero no solo- de la reforma laboral, le van a gritar este domingo en las calles. O puede, claro está, que haya una mezcla perversa de todo ello.

Desde luego, no seré yo quien critique los afanes reformistas en un país patentemente necesitado de reformas muy profundas. Tampoco seré yo quien aplauda, sin más, la mayor de estas reformas hasta ahora emprendidas, la laboral, porque soy incapaz de entender que, por sí sola, vaya a generar empleo. Pero tampoco me sitúo con los manifestantes dominicales, ni pienso que una huelga general vaya a arreglar mucho las cosas. Más bien, me encuentro entre los que piensan que los sindicatos tienen bastante poco entusiasmo por esta convocatoria, que puede no salirles demasiado bien.

También figuro entre los irremediablemente optimistas que creen que el Ejecutivo presidido por un Rajoy que ha dado abundantes muestras de templanza y serenidad dará también un ejemplo de flexibilidad y abandonará el lenguaje intransigente que pretende que la tramitación parlamentaria de la reforma laboral no valdrá de casi nada, porque la mayoría absoluta casi nada quiere modificar. ¿Lo hará?

De momento, sospecho que los titulares van a estar protagonizados por la galopada final hacia las elecciones andaluzas y asturianas, en las que el Partido Popular espera llevarse -al menos en Andalucía; lo de Asturias es, definitivamente, un lío- una agradable sorpresa. Pero me pregunto si, entre mitin y mitin, Rajoy tendrá tiempo de telefonear a Toxo y Méndez, incluso a Pérez Rubalcaba y a Urkullu, sin olvidar al casi aliado Duran i Lleida. Y evitar, en lo que se pueda, el terremoto que se adivina para finales de este mes, entre el anuncio de medidas duras, pero duras de verdad, acompañando a los Presupuestos, y ese paro general que llega con una población me parece que tan crispada como en los tiempos de máxima crispación, al menos que yo recuerde. Pues eso: ¿lo hará el Rajoy de los menos de cien días en el poder, el hombre con la mayoría absoluta más absoluta y, sin embargo, más frágil que se ha conocido? No nos falles, Rajoy.

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