Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – «Estas son batallas perdidas».


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Batallas perdidas. Es lo que son algunas de las que se están dando sobre el tablero político, económico y social de este país nuestro llamado España. Resulta curioso, pero me lo reconocieron este domingo, telefónicamente -me encontraba en un rápido viaje a la campaña electoral francesa-, un sindicalista importante de Comisiones Obreras y un dirigente, también de cierto relieve, del Partido Socialista de Madrid. Emplearon casi las mismas palabras, poco después de la manifestación que este 11-m, jornada de luctuoso recuerdo, salió a protestar contra la reforma laboral del Gobierno: estas son batallas perdidas.

Me parece que esta es la sensación que cunde en las filas de la oposición cuando, esta semana, se aprobará en las Cortes el techo de gasto presupuestario y avanza a toda vela la elaboración de unos Presupuestos que nadie esconde que van a ser duros, incómodos y que generarán protestas múltiples. Me dicen que, consciente de la debilidad del PSOE y del relativo poco peso de los sindicatos, Mariano Rajoy está decidido a mostrarse inflexible, a no esconder la realidad y a asentarse sobre la mayoría absoluta de la que goza en el Parlamento, en buena parte de las autonomías y de los principales ayuntamientos: nada de recortes a los recortes, nada de concesiones a la reforma laboral, nada de temblores ante la huelga general.

Eso sí, me aseguran que en el «estado mayor» de la calle Génova reina cierta euforia porque están convencidos de que, tras las elecciones del día 25, se harán con el gobierno andaluz… y también con el asturiano. A pesar de la crisis, de los ajustes durísimos y de los nubarrones que se adensan, cuídate de los idus de marzo, Mariano, hacia el fin de este mes de zozobras.

Claro que también me dicen que el presidente «va a llamar» a los líderes sindicales y puede que también a Alfredo Pérez Rubalcaba. Que nadie pueda decir que Mariano Rajoy no intentó por todos los medios a su alcance frenar una huelga general que conviene poco a los intereses del país.

Pero, igualmente, que nadie piense que con la huelga se van a forzar modificaciones en la reforma laboral; ya lo dijo el viernes la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y lo van a repetir los responsables del PP por activa y por pasiva, en los mítines andaluces y en los asturianos, en la sesión de control de este miércoles y donde sea. Firmeza, salgan a la calle cuantos manifestantes quieran; inflexibilidad, por mucha gente que prometa ir a la huelga. Batallas perdidas. Y, por supuesto, la oposición, en el fondo, encantada con las alteraciones de la vida política y social, que sin duda van a desgastar a un Gobierno que no lleva los míticos cien días en el poder y ya avanza algo renqueante.

Un panorama, en fin, poco alentador para los muchos ciudadanos que prefieren un buen acuerdo social a los enfrentamientos. Pero ya lo decían mis interlocutores, aunque se refiriesen a otra cosa: la batalla, la gran batalla, la que pretende dar la sociedad civil en busca del pacto, puede que esté empezando a perderse.

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