Antonio Casado – Foto para la historia.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

El umbral presupuestario del déficit público parece el cuento de nunca acabar. Primero fueron los seis puntos de PIB queridos y comprometidos por Zapatero para 2011. El tijeretazo de Nochevieja (unos 15.000 millones de euros), con Rajoy recién instalado en Moncloa, hubiera sido suficiente. Ya en el tramo final del reinado socialista se temía un 8 por ciento. Finalmente, con los cajones abiertos, el nuevo Gobierno del PP proclamó la cifra real: nada menos que el 8,5 por ciento, que desbordaba todas las previsiones y nos dejaba en desairada situación frente a Bruselas.

Semejante desfase entre ingresos y gastos (hasta ese 8,5 por ciento) hacía poco menos que imposible afrontar el nuevo umbral de déficit comprometido para 2012: el 4,4 por ciento, so pena de crear condiciones para una revuelta social a la griega. Demasiado para el flamante Gobierno de Rajoy, imbuido de la doctrina Aznar (congreso nacional del PP, Sevilla, mes de febrero), según la cual «no es tiempo de lamentaciones sino de soluciones», que sonó a réplica por anticipado al propio Rajoy, que cuarenta y ocho horas después dijo aquello de que «me gustaría decir otra cosa, pero la verdad es que aún no hemos tocado fondo».

Así que el presidente del Gobierno se plantó en Bruselas y anunció su «soberana» decisión unilateral de olvidarse del 4,4 por ciento y fijar en el 5,8 el objetivo de déficit para el año en curso. Los más adictos a la causa hablaron de la «valentía» y «riesgo» por la postura cercana a la insumisión que acababa de adoptar oficialmente España ante las autoridades de la UE. Por hacerse respetar, éstas se vieron obligadas a poner en escena una llamada al orden a nuestro ministro de Economía, Luis de Guindos, resuelta como es ya sabido por todos: La decisión «soberana» de llegar al 5,8 por ciento de déficit cedió el paso a la decisión «soberana» de asumir la exigencia de Bruselas. El tope será el 5,3 por ciento, dando por innegociable el 3 por ciento en el año 2013.

Estamos ante una nueva vuelta de tuerca a los agobiantes recortes anunciados. Al tijeretazo de Nochevieja se unirá al ya previsto tijeretazo de Semana Santa. Unos 30.000 millones aproximadamente. Bueno, pues ahora nos dice Bruselas que tienen que ser 5.000 más. Todo ello perfectamente ilustrado con la repicadísima foto de Luis de Guindos con el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, donde éste aprieta pero no ahoga la garganta de nuestro ministro. La foto es una mina para estudiosos del lenguaje gestual. Entre la imagen de la España insumisa y la imagen de la España cumplidora que no quiere ir por libre. Sin embargo, algunos preferimos quedarnos con la banda sonora. La puso el propio Juncker para acompañar el gesto de sus manos al cuello. Dijo que esta nueva vuelta de tuerca «puede aumentar el paro y la pobreza, pero hay que hacer más esfuerzos».

Hemos de agradecerle la sinceridad de su diagnóstico respecto a los verdaderos paganos de la crisis económica. Los de siempre, que no son precisamente quienes la han generado.

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