Cordón sanitario contra Rosa Díez o el contubernio inexplicable.

Es cierto que vale más estar sola que mal acompañada. Recicló el dicho, Ana Iríbar, viuda de Gregorio Ordóñez el día que los taumaturgos del Congreso convirtieron a Rosa Díez en militante de la extrema derecha. No nos sorprendió que Rosa Díez quisiera ilegalizar a Bildu y a Amaiur. En ello estábamos todos desde aquella infausta sentencia del Tribunal Constitucional, gestada a la sombra de la sonrisa de Zapatero. Aunque las sentencias hay que acatarlas –qué remedio—, también podemos criticarlas y también a quienes las emiten. Y en este caso, nos quedamos con la del Supremo, del 1 de mayo de 2011 que, sin ambages, dictó que eran “meros testaferros de ETA”, y no a la ligera, según colegimos de la letra del redactado, “…la Sala ha extremado la cautela en su análisis de las circunstancias concurrentes antes de llegar a esta conclusión”. Conviene no olvidarlo.

Cuando el Partido Popular ganó las elecciones y Rajoy se manifestó contrario a recibir a Amaiur en la rueda protocolaria de visitas de los grupos parlamentarios, lo vimos bien, coherente. Pero pecamos de ingenuos, pues todo apunta a que la hoja de ruta de ETA está escrita y sellada. Todo está pactado y el PP columbro que lo sabía desde antes de ganar las elecciones. Manifesté mi estupor ante las palabras de Mariano Rajoy en plena campaña electoral, sobre el comunicado tan babeado por Rubalcaba –“as” preelectoral marcado, al que el PSOE no le sacó ninguna rentabilidad—como dejé patente en mis artículos, ETA está de fiesta mientras otros lloramos y ETA y el efecto contagio de la alegría y el buenismo. Quise entender cuando –dentro del más puro estilo buenista— Rajoy declaró aquello de “sin concesiones políticas”, enmarcado en un escenario de campaña sobrada, bien de encuestas, en la que no era necesario recurrir a la crispación, ni a la “tensión” que pactaban cuatro años antes Zapatero y Gabilondo, dos estrellas convertidas ya en enanas blancas, el primero luciendo collar de Isabel la Católica en el Consejo de Estado –para asesorar sobre la crisis—, y el segundo dando clases de ética periodística a los que pretendemos ejercer en libertad.

Nunca imaginé que un Mariano Rajoy que en pleno fragor parlamentario durante el debate del estado de la nación (12 y 13 de mayo de 2005) se atrevió a decirle a Zapatero que había traicionado a los muertos, por haberse sentado a negociar con ETA y haber roto el pacto antiterrorista y vulnerado la ley de partidos, negociando a escondidas, pudiera entrar a formar parte de ninguna componenda. ¿Es el mismo PP que se manifestó junto a las víctimas del terrorismo y que tantas veces dijo que a la banda había que derrotarla con policía y justicia, mientras nos enjugábamos las lágrimas y nos tragábamos la rabia viendo a De Juana Chaos ducharse en la cárcel con su novia intelectual durante la huelga de jamón york y miel? Todo por el proceso de paz, ¿sin concesiones? ¡Ja! Nuestros oídos tuvieron que oír que Otegi era un hombre de paz y aquella tontería cursi de las togas de los fiscales y el polvo del camino. Pero esto es solo lo exotérico, lo conocido. Los secretos siguen en el arcano y los pactos están sellados con sangre, nunca mejor dicho. El PP, haciendo extensible la frase que Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA, lanzó a Patxi López, está haciendo y diciendo muchas cosas que nos hielan la sangre. Son muchos jarros de agua fría seguidos, y aún estamos en invierno.

Sí hay vencedores y vencidos. Los primeros, Amaiur, “testaferros de ETA”, Tribunal Supremo, dixit, sentados en el Congreso ante el pasmo de los vencidos, que no son otros que los muertos que están bajo tierra y sus familias enterradas en vida, y los miles de vascos que se han visto obligados a exiliarse de su tierra en la que ni siquiera pueden votar. Rosa Díez es una ganadora/perdedora que está pagando el pecado de atreverse a crear un partido cuando su partido madre empezó a navegar por aguas turbulentas. Siempre creí que el PP –antes de las elecciones—podría llegar a acuerdos puntuales con UPyD. Pero, visto lo visto, una inquina cuasi enfermiza, me equivoqué.

La moción de Rosa Díez no solo fue rechazada, sino que dio lugar a un contubernio repulsivo entre los dos protagonistas del bipartidismo y los nacionalistas, los que llevan medio siglo recogiendo las nueces, y los otros, que también creen que la independencia está ya madura. ¿Por qué el PP no se limitó a rechazarla, arguyendo que aún no era el momento, o alguna otra razón? Pero no, había que pasarle el rodillo; había que aplicarle el cordón sanitario del que tanto padeció el PP. ¿Por qué Rajoy traicionó a los muertos, los mismos muertos que había traicionado Zapatero?

No hace falta doctorarse en análisis político para columbrar que Rosa Díez no le es indiferente a las dos grandes formaciones políticas. Es evidente que si se le deja fluir, UPyD podría no solo desequilibrar el sistema bipartidista, aglutinando a la caterva de desencantados de las diferentes opciones, sino ocupar la vacante que podría dejar un partido socialista desflecado, agónico y sin nada que ofrecer. ¿Han interiorizado que la casta política está completamente devaluada y temen el despegue de un partido capaz de curar la desidia de muchos? Curiosamente, observo que en las imágenes que la agencia Efe pone a disposición de sus clientes, aparecen todos los portavoces y miembros de los diferentes partidos, incluido Amaiur y sindicatos, pero nunca consigo encontrar colas o totales de Rosa Díez. El vacío que le han hecho es total, y lo de tildarla de la extrema derecha es impresentable e indecente. Se han unido para acabar con ETA. Rajoy le pide a Amaiur que utilice toda su influencia para que la banda se disuelva, prueba de que son lo mismo, y prueba de que el Presidente lo asume. Pronto veremos la puesta en libertad de Otegi, el hombre de paz. Y de la cárcel, indebidamente indemnizado, directo a Ajuria Enea. ¡Sin contraprestaciones! Cuánto me suena esta matraca. Tanto, que me atrevo a decir que esto es cosa de Rubalcaba. De hecho, estuvo reunido con Rajoy el fin de semana previo al remedo del pacto del Tinell contra UPyD, lo cual me lleva a deducir que Rubalcaba sigue moviendo los hilos de la política antiterrorista. Es el que mejor lo hace, en el peor de los sentidos. Sin embargo, Mayor Oreja, que no entiende de tendencias y es un pain on the neck para el PP, manifestó hace dos días que no se disolverá y que volverá a las andadas.

Ante este nuevo escenario, me pregunto dónde están los periodistas que a lo largo de los últimos ocho años han criticado sistemáticamente –me incluyo— la negociación con ETA, el proceso de paz y cualquier atisbo de complicidad con la banda. ¿Por qué no le dicen al PP que así, no?

En otro orden de cosas, es pronto para ver resultados. El PP lleva poco más de dos meses gobernando, pero he de confesar que no todo lo que veo me gusta, y no me refiero a la reforma laboral ni a los recortes y medidas de ajuste. Me refiero a lo moral. Ahí, me parece que no está dando la talla. Tienen mayoría absoluta porque así lo han querido los españoles, para que acometan las reformas con firmeza y deroguen las leyes que tienen recurridas; pero pierden el tiempo mendigando el consenso, como si no supieran hacerlo solos. Gobiernen, si no quieren ser gobernados. Leí hace unos días que la izquierda considera que la derecha no tiene legitimidad para gobernar; a lo cual añado que muchas veces parece que es la propia derecha la que actúa como si no se considerara legitimada. Los eternos complejos de la derecha que contaminan palabras y acciones. No dejen ver su talón de Aquiles.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
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(2/3/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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