Fermín Bocos – Indultos y corrupción.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Contamos los días por casos de corrupción relacionados con el manejo prevaricador, malversador o «distraído» de caudales públicos. Todos los partidos tienen algún dirigente o «empresario amigo» camino de los juzgados o en trance de ser citado. Rara es la comunidad autónoma que se libra y pocos son los ayuntamientos en los que las componendas urbanísticas no hayan dado para algún capítulo del libro grande de la corrupción. Para que nada falte, tenemos también a exministros visitando los tribunales (José Blanco) y a expresidentes de comunidades autónomas que están procesados (Jaume Matas ) o lo han estado por asuntos de tráfico de influencias o malversación. Por tener, tenemos en los tribunales hasta a un yerno del Rey. Todos son casos diferentes pero todos tienen un hilo en común: la codicia que lleva a saltarse leyes y normas éticas; codicia que se hincha por la sensación de impunidad que apareja el poder o su cercanía. Por lo publicado, a Urdangarín le bastaba ser quien era para que se le abrieran todas las puertas y algunos de los cajones de las consejerías o ayuntamientos a los que había decidido sablear. En otros casos, a juzgar por las declaraciones de los implicados en los sumarios que vamos conociendo (Caso Campeón, en Galicia; caso «Palma Arena», en Mallorca»; la visita del Papa a Valencia; el caso «Correa», en Madrid; los «ERE» de la Junta de Andalucía; el caso «Palau», en Barcelona; el «Malaya», en Marbella, etc.) los menús se cocinaban a base de «emprendedores» que «tocaban» a cocineros dispuestos a hacer favores a cambio de que el empresario se dejara la mitad en el plato a disposición del político o del partido. Todo ello -digámoslo rápidamente- envuelto en el celofán de la presunción de inocencia. ¡Faltaría más!, aunque, todo hay que decirlo: más presuntos que inocentes, a juzgar por los casos ya juzgados.

En fin, abandonemos toda esperanza de regeneración porque en última instancia, el Gobierno (el anterior, tramitándolo, y el actual, firmándolo), siempre podrá sorprendernos, como hemos conocido esta semana, con el indulto a un par de condenados por casos probados de prevaricación y malversación de caudales públicos (Servitge Roca y Lorenzo Acuña, «Generalitat de Catalunya») .¡Que vergüenza! Y luego nos dirán eso tan alentador de que la ley es igual para todos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído