Fernando Jáuregui – Cuestión de unas décimas.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Hemos vivido jornadas de esgrima es torno a unas décimas. Las que han separado a España de las todopoderosas instancias europeas. Bueno, parece que el abismo se ha allanado y que al menos este nuevo capítulo de fricciones se ha cerrado, y no en falso. Dijo Mariano Rajoy, en su comparecencia parlamentaria para explicar el contenido del último Consejo Europeo, y para concluir un episodio que pudo ser muy espinoso, que «existe una plena coincidencia entre la agenda europea y española». Al presidente del Gobierno le tocó este miércoles el amargo trago de justificar algo que incluso ha sido objeto de bromas para los «cartoonists» de la prensa: la rebaja dictada por Europa a las pretensiones españolas de déficit para 2012, que, del 5,8 por ciento del PIB, ha acabado fijado en el 5″3. Al menos, dicen los optimistas, no es ese terrible 4,4, exigencia primera de la UE, que suponía una paralización en toda regla de la actividad pública -y, por tanto, de parte de la privada_ en España. ¿Quién ha ganado el pulso? Yo diría que la cosa ha quedado en tablas.

Lo malo fue que, en este lío de cifras, Rajoy salió en conferencia de prensa, tras la «cumbre» europea de la semana pasada, para presumir de que, en aras de la «soberanía nacional», él fijaba unilateralmente el 5,8 en lugar del fatídico 4,4. Este miércoles, el presidente del Gobierno español trató, en el Congreso de los Diputados, de restar importancia al cierto varapalo procedente de Bruselas, que pronto rectificó lo dicho por Rajoy: España tendrá que comprometerse a un déficit del 5,3, y no del 5″8, para este año. «Lo sustancial es que se ha admitido la modificación del 4,4 por una cifra más racional y asequible: el 5,3», dijo el presidente, conciliador, añadiendo que «por lo tanto, se ha reconocido la solidez de nuestros argumentos».

Básicamente, coincido con la argumentación de Rajoy. Sabemos ya que no ha habido negociación subterránea -ha habido muchas especulaciones que querían que el baile de cifras del déficit estaba amañado_ e intuimos que en ciertos eurodespachos, algún «cabeza de huevo» ha pillado un berrinche considerable ante la «rebelión» española. Supongo que, para calmar los ánimos, la UE ha aceptado que la diferencia entre la cifra inicial europea y la que Rajoy proclamó en Bruselas no sea la media aritmética entre ambas -que hubiese sido un 5,1 por ciento-, sino que se incline ligeramente, dos décimas, hacia la voluntad de Madrid, lo que supone dos mil millones de euros. Algo es algo.

Algo es algo, pero sigue siendo poco, como dijeron algunos portavoces de la oposición. Compruebo que, en cualquier caso, los socialistas se mostraron bastante comprensivos y tolerantes con este episodio europeo, limitándose a criticar cuestiones de detalle -cierto barullo sí que ha habido, la verdad- en este baile de cifras del déficit. Me alegro de este apoyo implícito. El caso es que el primer contencioso entre el dogal europeo y la asfixia de la economía española, a la que aún le queda por pasar lo peor, se ha resuelto, ya digo, en tablas. Era lo mejor que podía pasarnos, dadas las circunstancias. Yo diría que Rajoy ha pasado, aunque sea a trancas y barrancas y sobrándole algún desplante torero, la prueba, y eso es una buena noticia para todos los españoles. Para todos.

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