Charo Zarzalejos – Gallardón y la maternidad.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Dudar de su preparación intelectual, cuestionar su capacidad dialéctica o tratar de convertirle en un fundamentalista son ejercicios que, además de injustos, son perfectamente inútiles. El ministro Gallardón no es nada de eso cuando habla, de manera farragosa, del derecho a la maternidad. El capítulo de derechos puede ser infinito, basta con incluirlos. Tenemos derecho a una vivienda digna, al trabajo, al voto, a lo no discriminación, a una muerte digna. Afortunadamente, los humanos, que no somos muebles, tenemos derechos y aunque de esto no se hable, también obligaciones.

El ministro habló del derecho a la maternidad pero mejor matizar la expresión. ¿A quién reclamar si una mujer quiere ser madre y no puede? Habrá que esperar al proyecto de Ley que prepara su ministerio en torno al aborto en el que va a tratar de conciliar los derechos de la mujer y de su hijo no nacido y en el que se va a incluir, de una manera u otra, el derecho a la maternidad.

Creo que la expresión «derecho» habrá que matizarla. Todo derecho reconocido tiene consecuencias y garantías jurídicas. No basta con proclamarlo. Mejor hubiera sido, quizás, hablar de acto heroico que hoy, para muchas mujeres, supone el tener un hijo. Y ahí se debería actuar, en quitar heroicidad al hecho de tener un hijo. Insisto: es un acto heroico porque siempre y ahora, en tiempos de crisis mucho más, una mujer en edad fértil no se ha considerado una inversión segura para la empresa y ante la duda se considera más rentable a un hombre, porque en España se carece de una adecuada red de guarderías, porque a efectos fiscales un hijo es algo invisible, porque los tiempos de lactancia carecen de la debida protección legal, porque los tiempos de baja maternal son escasos en relación a otros países europeos, porque renunciar a un puesto de trabajo o a una carrera profesional para cuidar de los hijos no se incentiva desde los poderes públicos… Solo cuando todo esté garantizado se podrá hablar de derecho a la maternidad sin caer en el fraude que supone proclamar un derecho sin la consiguiente y obligada cobertura legal. Proclamar derechos sin consecuencias es una broma de mal gusto.

La idea de Gallardón, al margen de cómo la expresara, es una buena idea y ya que la ha lanzado bueno sería que se entrara a fondo para evitar la «heroicidad» que en muchos casos supone tener un hijo. Todavía se está a tiempo, por ejemplo, de que en la Reforma Laboral se incluyeran las cláusulas necesarias para una mayor protección de la mujer que trabaja y quiere ser madre, y para aquellas que siendo madres quieren trabajar. Una mujer embarazada no puede ser considerada un problema y, ni mucho menos, el querer ser madre evaluarse como un «riesgo empresarial». Plantear que la fiscalidad por hijo no sean descuentos testimoniales que no dan ni para un chupete es, en estos momentos, poco menos que un brindis al sol, pero por ahí hay que caminar.

En España necesitamos niños. Somos una sociedad envejecida en la que la pirámide poblacional se desarrolla en sentido inverso al necesario para hacer de España un país realmente sostenible. En Suecia, si no me equivoco, el permiso de maternidad dura dos años con la certeza de que nada ni nadie eliminará el puesto de trabajo abandonado temporalmente. Estamos muy lejos de ser Suecia pero se debe transitar hacia los modelos ya existentes en los cuales el ser madre está valorado social y fiscalmente porque el recién nacido es un bien social. Me dirán que no son tiempos para la lírica pero sí para enmendar errores y un error de bulto es no considerar a cada recién nacido un bien a proteger. La intervención de Gallardón no puede quedar en una teórica más. Si la maternidad es un derecho, los poderes públicos deben actuar en consecuencia.

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