Francisco Muro de Iscar – Buenos maestros y menos monsergas


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

No sólo de subir tasas e impuestos ni de echarle pulsos políticos al Gobierno central vive Cataluña, que también vive de eso. La pelea por las cotas de poder casi siempre se resuelven con contrapartidas económicas. El aumento de tasas e impuestos es una necesidad imperiosa para poder pagar las nóminas y no cerrar por quiebra técnica, que es como dejó a Cataluña el tripartito de Montilla. Los experimentos, con gaseosa. Cataluña está tratando de recuperar, le va a costar mucho, el lugar de vanguardia que tuvo en la economía, pero también en la innovación y el seny. Hay muchas decisiones que los no catalanes ni entendemos ni compartimos y otras que responden más a intereses partidistas que a preocupaciones ciudadanas. El problema es que la lluvia fina de la lengua, el independentismo, el «maltrato español» y demás, acaba calando en la conciencia ciudadana.

Cataluña quiere cambiar también en otros terrenos. En la educación, por ejemplo. Es la madre de todas las reformas. O cambiamos la (mala) educación que reciben los jóvenes o por mucho que se modifique el mercado laboral no tendremos el capital humano preciso para salir de la crisis. Diecisiete sistemas educativos diferentes, algunos además primando la inmersión lingüística en una sola lengua -no el inglés, precisamente- no ayudan a una educación de calidad. Pero mientras algunas autonomías quieren devolver competencias porque son ruinosas, ninguna ha hablado de devolver las de educación. La educación, aunque sea de baja calidad, o tal vez por eso, es poder, sirve para reafirmar las señas de identidad que diferencian a unos de otros, para «crear país».

¿Se acuerdan ustedes de la propuesta del ex ministro Gabilondo de crear un MIR para los maestros, para seleccionar a los más preparados porque la educación es la principal inversión de un país? Se perdió una buena idea y una excelente oportunidad de reclutar a los mejores profesores. Ahora, la Consejería de Educación catalana quiere exigir un seis en las notas de castellano y catalán a los alumnos que se presentan a selectividad y quieren estudiar Educación. El límite es de seis porque, según el Consejo Interuniversitario de Cataluña, aunque con ese tope no se llenarán las Facultades de Educación, si se exigiera un 7 se quedarían ¡con un 10 por ciento de los alumnos actuales!

Luego podemos hablar del lenguaje sexista o de lo que ustedes quieran, pero si el 90 por ciento de los aspirantes a maestros manejan de mala manera sus lenguas básicas, si no son capaces de plasmar sus ideas con el mínimo rigor, ¿qué van a enseñar? O elevamos el nivel de los futuros profesores -y de los periodistas, abogados, ingenieros, etc.- desde la escuela, desde Primaria, o seguirá creciendo el fracaso escolar y cuando lleguen a la Universidad los que lleguen habrá más analfabetos intelectuales -es decir, incapaces de comprender lo que leen o les explican o de expresar lo que pretenden- y nuestro capital humano será tercermundista. Hay que cambiar la educación y dejarse de monsergas.

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