Luis del Val – Periodismo y política


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Un puñado de periodistas, algunos de los cuales ya ha muerto, informan al mundo de los horrores de Siria. No hay vejación, ni atropello, ni tortura, ni atrocidad que allí no se cometa. La veda sobre el asesinato y bombardeo contra civiles ya se abrió durante la II Guerra Mundial, o sea, que el carnicero régimen sirio no ha descubierto nada nuevo, pero parece haber una especial delectación en masacrar niños y mujeres. Las valientes tropas a las órdenes de una familia corrupta e indecente parecen dedicar una especial atención, a la hora de atormentar con los seres humanos del sexo femenino y los menores.

Los pobladores de mundo Oriental y Occidental asistimos al terrible y execrable espectáculo, aquéllos con el fatalismo de lo muy conocido, y éstos con el egoísmo intrínseco del hombre blanco, al que lo que no ocurra en la puerta de su casa le parece tremendamente lejano. ¿Y los gobernantes? Los gobernantes poseen un ardor justiciero porcentualmente equiparable a la cosecha de votos que puedan extraer de la situación, y la situación no está para tirar cohetes. A un gobernante, reconozcámoslo, entre la vida de quinientos niños sirios y una décima de aumento o baja del Producto Interior Bruto, los niños le parecen una molestia. Y puede que el lector y el que esto redacta, a lo peor caeríamos en la misma tentación. Pero lo que queda claro es que de las dos actividades llenas de tentaciones y mentiras, como son el periodismo y la política, hay que reconocer que los unos están dando el callo, se juegan la vida para tenernos informados y muestran la parte más heroica y admirable de la profesión, mientras los del arte de gobernar, alcanzar el poder y conservarlo, se mantienen en la habitual ambigüedad, en ese cinismo ignominioso donde se oculta la cobardía y la sordidez.

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