Carlos Carnicero – En Argentina se conoce el cuento.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Reflexiones inteligentes en la vereda. Aquí, en Argentina, hubo ajustes: todos se empobrecieron menos los grandes empresarios. Aprovecharon el empobrecimiento de las clases medias y la miseria de los humildes para acumular capital. «El corralito» tuvo la única ventaja de unir a las clases medias con los desposeídos. Por unos días, tocaron el cacerolazo juntos. Vendieron hasta las maquinas de coser. El Estado se destruyó. Ahora descarrilan los trenes.

«¿Por qué, ustedes los españoles, no leen despacio los cuentos que están escritos?». No se pueden creer que el sueldo de Alfredo Sáenz -el banquero que indultó Zapatero para que pudiera seguir teniendo un sueldo obsceno- sea de más de once millones de euros al año. Preguntan quienes vivieron en la crisis.

«Ustedes están tontos», me dice un director de teatro argentino platicando en el final del verano porteño. «El cuento que les están metiendo pasó aquí. Los ajustes del FMI dejaron el país como un higo seco. Sesenta por ciento de la población entró en la marginalidad. La clase media desaparición y los arquitectos trabajaban de taxistas. Los ricos se hicieron más ricos y luego dispararon el consumo para ver si había otra vez compradores. Es una ruleta rusa que ahora les ha vendido la señora Merkel. Decidan por ustedes mismos».

Le explico el proceso de criminalización de los sindicatos para desarbolar los derechos de los trabajadores. Son mantras que están funcionando en España. «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora lo tenemos que pagar». «Los sindicatos son corruptos y los líderes vagos». Claro que hay que rectificar y regenerar, cambiar las costumbres. Pero los que dictan los mantras son mucho más corruptos que los sindicalistas.

El desarme cultural y moral de la sociedad española hace que este cuento conocido por ustedes se lo estén creyendo muchos ciudadanos. Los Bancos toman prestados créditos en Europa para especular. Y la resignación todavía no ha sido sustituida por la rebeldía.

«Bueno, tómense su tiempo. Luego tendrán que empezar desde cero. Aquí nos conocemos el final del cuento».

En la calle los coches vuelven a ronronear. Hace buen tiempo. Argentina está creciendo en espera del próximo ajuste.

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