Charo Zarzalejos – El día después.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

El próximo domingo, con los resultados de las elecciones andaluzas y asturianas en la mano, se iniciará el día después para la estrategia a seguir en los próximos meses. Estaremos más cerca de saber si, efectivamente, como dice el PSOE, el Gobierno espera a después de estas elecciones para anunciarnos medidas que «ahora por miedo a perder votos no se atreve a plantear» y nos acercaremos a averiguar cual va a ser la definitiva estrategia de oposición del PSOE.

Si los socialistas lograran, con los inevitables pactos, que el PP no gobernara ni en Andalucía ni en Asturias, sería la primera alegría que Pérez Rubalcaba podría apuntar en su difícil agenda. Lo interpretarían como la primera enmienda a la totalidad a la gestión de Rajoy y el inicio de su remontada, esa con la que se animaron a sí mismos en las pasada campaña de las generales.

Sería un respiro para el PSOE y un batacazo para el PP y, desde luego, para Rajoy que aún en el supuesto de que su partido no viera satisfechas sus aspiraciones, no está por la tarea de modificar sus planes de reformas. El Gobierno no aspira, ni siquiera, a que se le entienda. Su apuesta está en poder ofrecer resultados sabiendo que lo que tienen por delante es una cuesta arriba salpicada de baches «pero la subiremos».

En este día después, que será largo, conoceremos unos presupuestos difíciles para una situación difícil pero tan importante como esto es que se abre un largo período sin urgencias electorales que tantas imposturas y exageraciones provoca en los que luchan por el voto. Sin estas urgencias, nuestros políticos serán más ellos mismos y se hablará del copago, y del pacto fiscal con Cataluña, y de la huelga general ya convocada en tiempo y forma para el día 29 y después de las elecciones y de la huelga todos seguiremos enfrentándonos a este difícil tiempo que tantas vidas y proyectos ha destrozado esperando, sin ya esperar, que las dos grandes fuerzas políticas lleguen a acuerdos mínimos pero de fondo como mejor garantía de evitar el abismo que es algo distinto y más grave que poder hacer frente al déficit.

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