José Luis Gómez – A vueltas con España – La crisis, en casa y en la escuela.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

La crisis acentúa los conflictos entre padres e hijos, a su vez relacionados con las tensiones entre profesores y alumnos, sin que estén siquiera claras cuáles deben ser las posiciones de padres y docentes ante esta otra gran crisis social. Parece evidente que padres y maestros deberían complementarse, pero la realidad indica que unos y otros manejan estos conflictos como arma arrojadiza: los padres «confían» en exceso en los profesores y éstos echan de menos la colaboración de los padres y, cuando menos, que en caso de conflicto llamen la atención a sus hijos. No resulta fácil encontrar el punto de equilibrio, mientras afloran problemas y conflictos como el dinero que se debe dar a los hijos, los horarios de vuelta a casa, los estudios y la colaboración en las tareas domésticas.

De los padres se espera que puedan imponer límites a la impulsividad de los hijos, que suelen demandar satisfacción inmediata, y de los profesores se aguarda que puedan imponer normas de convivencia en sus colegios. La realidad poco tiene que ver con tan buenos deseos, y de todos son conocidos casos de fuertes tensiones tanto en el ámbito familiar como escolar. Del tema se habla quizá más ahora, porque la crisis enrarece el ambiente, pero no es nada nuevo.

Hace ya años, un informe realizado por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD), basado en una encuesta a 1.000 familias con hijos entre los 14 y los 20 años, concluía al hilo de estas tensiones y conflictos entre padres e hijos que un tercio de los padres con hijos adolescentes sentía que no educaba bien o que no sabía hacerlo. Un 40% reconocía no manejar bien los conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirmaba sentirse desbordado, principalmente por las exigencias económicas de sus hijos.

Este problema, agudizado por la crisis, da pie ahora a que psicólogas como Anabel Gutiérrez planteen cortar por lo sano: «Venimos de una época en la que todo era gastar y gastar, y ahora hay que aprender a recortar». En realidad, las cosas aún pueden empeorar y ya hay encuestas que muestran el desconcierto de los jóvenes ante su futuro. Un reciente estudio sobre el horizonte social y político de la juventud española, del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales, constata que por primera vez son más los hijos que piensan que vivirán peor que sus padres.

La solución que plantean los padres para evitar su propia desorientación, lejos de buscar una mayor comunicación con sus hijos, pasa por pedir a los profesores que eduquen mejor (59,6%) y a los medios de comunicación que sean más educativos (49,2%). Pero falta autocrítica. El psiquiatra Eusebio Megías, coordinador del estudio de la FAD, ya alertó hace tiempo de algo que sigue vigente: la mayor implicación que los padres solicitan a los profesores se traduce en una delegación de responsabilidades, como si sintiéndose desbordados por las exigencias solicitaran ser sustituidos por los maestros.

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