Antonio Casado – Andalucía y Asturias.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

El cambio en Andalucía es cuestión de higiene. No tanto por la supuesta frescura del viento nuevo, que de nuevo no tiene nada (¿El veterano Javier Arenas como precursor de una tierra prometida?, no hay quien se lo crea), sino por la necesidad de acabar con el reinado socialista de treinta años consecutivos. La misma necesidad que uno tiene de cambiarse de ropa cuando ésta está sudada y maloliente.

Las encuestas también lo acreditan. Sin embargo la matemática no acaba de dar por hecha la mayoría absoluta del PP. Eso supone que IU, poco dispuesta a repetir la pirueta de sus compañeros en Extremadura, que dieron el poder a la derecha, podría ser decisiva y mantener a los socialistas en el poder por cuatro años más. Sería el notición de la noche electoral del 25 de marzo. O, por decirlo en otras palabras, la anomalía, lo inesperado, lo que dejaría sin habla a muchos.

Por lo que se refiere a Asturias, la orografía electoral que sale en todas las encuestas apunta a un gobierno irremediablemente inestable si no hay acuerdo entre dos de las tres primeras fuerzas políticas que compiten: PSOE, PP y FAC. Por la derecha me parece un matrimonio muy improbable, por no decir imposible, el que podrían hacer en segundas nupcias el PP y FAC (Cascos). Y la otra combinación natural, la de la izquierda (PSOE-IU), siempre tendría que gobernar en minoría frente a la suma de los votos de la derecha (PP-FAC).

En esas condiciones, con un PSOE que aunque por la mínima sale en todas las encuestas como primera fuerza política, es verosímil que se cumplan los temores del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando habla de la «isla socialista» de Asturias. Pero sin que la clave de la gobernabilidad (IU) sea suficiente para garantizar la estabilidad política y parlamentaria del Principado, a diferencia de lo que podría ocurrir en Andalucía si el PP no obtuviera mayoría absoluta.

Lo demás es campaña electoral, innecesaria y aburrida, que en los últimos días ha pretendido animarse por cuenta de la corrupción y el copago en la sanidad pública (farmacéutico, en su caso). La posición del PP en Cataluña, cuya abstención ha hecho posible que se implante en esta Comunidad Autónoma, ha permitido que el líder del PSOE, Rubalcaba, vuelva a acusar de mentiroso a Rajoy en los actos electorales de apoyo a andaluces y asturianos.

Y en cuanto a la corrupción, los dos grandes partidos han tenido donde elegir en el intercambio de reproches. A su disposición, dos clásicos de la temporada: el escándalo de los EREs, el caso Gürtel, amén del llamado caso Marea (Asturias) y ese amago de nepotismo en el entorno familiar de Dolores de Cospedal, número dos del PP, desactivado a tiempo por Mariano Rajoy. De todos modos, nada nuevo en materia de corrupción o malas prácticas. O nada con suficiente alcance como para alterar unas intenciones de voto que vienen siendo muy estables tanto en Asturias como en Andalucía.

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