Julia Navarro – Escaño cero – La Pepa de hoy.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Ha dejado dicho José Pedro Pérez Llorca que la Constitución del 78 es heredera del espíritu de la Constitución de 1912. Si alguien puede hacer esta afirmación es Pérez Llorca como padre de la Constitución del 78 y además gaditano.

El caso es que por una vez parece que ha habido un amplio acuerdo en que merecía la pena celebrar por todo lo alto el doscientos aniversario de la Constitución de Cádiz. Claro que si ahora mismo salimos a la calle de cualquier ciudad de España que no sea Cádiz puede que nos llevemos una sorpresa si preguntamos qué se sabe de aquella Constitución y de aquel periodo de la Historia de España. De manera que aprovechando el aniversario me van a permitir incidir en uno de los males de nuestro sistema educativo que es la escasa enseñanza de Humanidades, o sea de Historia de España, de Historia Universal, Historia del Arte, Filosofía, etc. Y de todas estas materias la que se lleva la palma es precisamente la Historia de España.

Ahora que el ministro de Educación, José Ignacio Wert, anda empeñado en que nuestros hijos estudien un año más de bachillerato bien podría empeñarse también en devolver las Humanidades al lugar que merecen en un sistema educativo que se precie.

No se puede entender el presente si no conocemos el pasado, si no sabemos de dónde venimos. Y si me apuran, es imposible vislumbrar cómo será el futuro sin ese conocimiento del pasado.

Nuestro sistema educativo ha ido adelgazando año tras año en lo que al estudio de Humanidades se refiere, y sin embargo es imprescindible en la formación de una personas esos conocimientos que algunos consideran antiguallas.

Insisto, si ahora mismo se hace un reportaje en la calle sobre la Pepa, nos llevaríamos una triste sorpresa. Me temo que la mayoría de los estudiantes de bachillerato tendrían dificultades para explicar lo que supuso aquella Constitución, relacionarla con el contexto internacional, y más concretamente con el europeo.

Estos días de celebraciones al grito de «Viva la Pepa» deberían ser más que actos oficiales y festejos, deberían servir para abrir también periodo de reflexión sobre nuestro modelo de educación, porque me temo que muchos de los que a lo largo de su vida han dicho en un momento u otro «viva la Pepa» desconocían que esa Pepa no es otra que la Constitución de 1912.

En cualquier caso «Viva la Pepa».

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