Rafael Torres – Al margen – El joven eterno.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Paco Valladares era un joven eterno. Del tipo de Manuel Galiana, Jaime Blanch, Juan Diego o Julio Gutierrez Caba, sólo que éstos decidieron, llegado el momento que consideraron pertinente, hacerse un poco mayores. Paco, no. La escena española nunca anduvo, sino antes al contrario, sobrada de galanes, esto es, de tipos altos, guapos, de voz grave y que supieran bailar, de suerte que Francisco Valladares se propuso, desde aquél remoto «Diego de Acevedo» y con el concurso de su naturaleza, componer hasta el final ese arquetipo escénico, el del galán, que en España habían tenido que representar los jóvenes eternos bajitos que citamos al principio, o tipos de físico desgalichado como Fernando Fernán Gómez, o italianos. Sin embargo, si Paquito Valladares logró ser hasta el final un joven eterno, así en el teatro de bastidores como en el de la vida, fue porque conservó lo que hace joven al joven: la inocencia y el sentido de la amistad. Por eso su muerte ha conmovido a los compañeros y a los amigos, porque la muerte de un niño, de un joven, duele y ofende mucho más.

La verdad es que para ser actor o actriz en España se ha necesitado siempre de ese entusiasmo propio de la gente de poca edad. El palizón de los ensayos, de las funciones, de las giras, del teléfono que no suena durante los interminables paréntesis del paro, de la memorización de tochos tantas veces indigeribles, de la soledad de los hoteles y las fondas, requiere ese espíritu joven. Paco Valladares, que me distinguió inmerecidamente con su amistad, que interpretó con gracia alguna cosilla que había escrito uno y que honró con su presencia siempre estelar mi casa, se mantuvo joven porque se mantuvo bueno, pero esos otros dos colegas que la muerte se ha llevado éstos días sin dejarles esperanzarse con la última primavera, Quique Camoiras y Pepe Rubio, eran jóvenes también.

Ahí tenemos, a tiro de piedra, las elecciones andaluzas que ya han celebrado apócrifamente, al parecer, los sondeos, y la Huelga General que la carcunda quisiera también recortar, escamotear, prohibir a los pobres. Pero ya no tenemos a Paco Valladares, ni a Quique Camoiras, ni a Pepe Rubio, y ya no nos queda casi ninguno de aquellos eméritos españoles que quisieron vivir, y morir, siendo jóvenes.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído