Francisco Muro de Iscar – El Periodismo según GS


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Hace 200 años, coincidiendo con la proclamación de la Constitución se editó en tierras gaditanas un precioso libro titulado «Los gritos de Cádiz» en el que se recogían las voces de los vendedores callejeros. Gritos son también todas y cada una de las fotografías de Gervasio Sánchez, uno de los grandes del periodismo español que estos días presenta en Madrid una Exposición Antológica que debería ser de obligada visita para políticos, historiadores, estudiantes y para cualquier ciudadano. 25 años de trabajo en América Latina, en los Balcanes o en Africa. Historias y proyectos como «Desaparecidos» o «Vidas minadas», los retratos de 96 personas marcadas por las tragedias que creamos los hombres.

Es una exposición dedicada a Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, Miguel Gil, Julio Fuentes, José Couso, Julio Anguita Parrado y Ricardo Ortega, fotoperiodistas españoles muertos o asesinados en el ejercicio del periodismo en Panamá, Sarajevo, Ruanda, Sierra Leona, Afganistán, Irak y Haití entre 1989 y 2004. Muchos de ellos nunca se llevaron un premio, pero, como Gervasio, han sido fundamentales para escribir y denunciar los crímenes contra la humanidad de muchos dirigentes y de no pocos políticos o diplomáticos y la hipocresía de muchos organismos internacionales que sólo acuden cuando la presión social mundial les obliga a hacerlo y que luego se marchan de esos lugares o, lo que es peor, se quedan allí sin hacer nada de verdad para acabar con los desastres de la guerra o se convierten en cómplices de los tiranos.

Gervasio y otros fotoperiodistas españoles son periodismo con mayúsculas, puro, esencial, radical -porque viven de las raíces de lo que debe ser y no de lo que tantas veces es-, voces que no callan, que denuncian con sus imágenes y sus palabras lo que otros tratan de ocultar: la hipocresía de los gobiernos, las concesiones económicas y hasta los halagos a países poderosos que violan diaria y sistemáticamente los derechos humanos, pero que pueden comprar armas, empresas y voluntades en otros países.

Ellos y unos cuantos más siguen denunciando lo que ven para que no se nos olvide cómo es el mundo que permiten los poderosos. «Hay que sentir dolor interno», dice Gervasio, para estar en los lugares de la tragedia y no callar nunca. En este mundo real muchos compran el silencio para que los medios no hablen de los que comercian con niños soldados a los que convierten en asesinos profesionales, de los que trafican con personas o armas, de los que corrompen a otros Gobiernos, de quienes se lucran con el caos. No hay gobernante corrupto en Africa sin que haya antes un corruptor en nuestro mundo privilegiado. Por eso hacen falta periodistas serios, rigurosos, honestos que hablen de las víctimas, de todas las víctimas. Pero no para usarlas y olvidarlas, sino para devolverles su dignidad. Los periodistas deberíamos vender a gritos la verdad. Como hacen los disparos fotográficos de Gervasio Sánchez.

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