Carlos Carnicero – Urdangarin en la senda de Matas.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La Justicia ha empezado contundente. El primer partido de los quince que tiene pendientes Jaume Matas ha sido contundente con una condena a seis años.

Cómo no podía ser de otra manera, el PP se ha puesto de perfil para que no le toque la pelota. Afirma que Matas pidió la baja en el 2010. Antes, Camps, Arenas y, sobre todo, Rajoy, le habían puesto como ejemplo de gobierno. Ahora parece que no le conocieron nunca y que no fue dos veces presidente de Baleares y ministro con José María Aznar.

Me imagino que Iñaki Urdangarin y su abogado estarán leyendo la sentencia de Jaume Matas con lupa de relojero. Es, el universo Matas, centrifugo con respecto a Iñaki Urdangarin. Lo arrastra a un agujero negro en lo que no solo está en juego el crédito de la Justicia sino además el de las instituciones.

Ejemplaridad no es solo un concepto de contenido judicial. Las llamadas clases dirigentes son un espejo en donde la ciudadanía observa el estado de la ética colectiva. Si malversar y robar sale barato, no hay autoritas en la sociedad. Los que primero debieran estar convocados a la ejemplaridad son los partidos y las instituciones como la Corona, los sindicatos, los dirigentes empresariales. Pero la ejemplaridad no se agota en las resoluciones judiciales. No tienen merito para quienes están cerca de ellas porque son de obligado cumplimiento.

Pero además de las sentencias en sí mismas, está la reacción frente a ellas. Quienes fueron compañeros de pupitre, de partido o pertenecen vinculados a la misma institución están salpicados por los corruptos. Más si confiaron en ellos y los pusieron con orgullo como ejemplos.

No basta con que Matas se fuera del PP en el año 2010. Lo que importa es lo que hizo cuando era dirigente muy importante de ese partido. Comprometió a la organización. Cuando Mariano Rajoy dijo: «gobernaremos España como Jaume Matas» adquirió un vínculo con el político ahora condenado que todavía no se ha disuelto. Las fotos de Urdangarin, aceptado en el seno de un club tan restringido como la Familia Real siguen estando vigentes.

El Leninismo y el stalinismo borraba de las fotos a quienes consideraba que habían traicionado esas esencias y desaparecían de la vida real. Pero nunca los condenaba públicamente porque pretendían ser infalibles. Tal vez fue una de las cosas que propiciaron la caída del comunismo. No debiéramos dejar que estos personajes manchen la vida pública sin pasar la lejía por los recuerdos, no para borrarlos, sino para limpiar las responsabilidades. Para que la sociedad respete a su clase dirigente estos tienen que escenificar el desprecio hacia sus corruptos.

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